sábado, 23 de junio de 2018

construir con la memoria


 “No se permitiría pensar en quién quedaba y quién no.”
Chimamanda Ngozi Adichie

***
esta mañana terminé de leer la novela “medio sol amarillo” de la nigeriana chimamanda ngozi adichie. pensé mucho en el tema de la memoria: cómo las palabras nos sirven para enunciar lo que somos, lo que fueron nuestras historias, las personales, las otras, más épicas, y como al nombrar las cosas, para no olvidar, estamos construyendo futuro.


es una novela de ficción que chimamanda ngozi adichie construye con las historias de su propia familia: con lo que le contaron sus padres y sus tíos, con las historias que sus dos abuelas le contaron del porqué los dos abuelos no regresaron. con palabras y con ficción construye memoria. la novela habla de un episodio histórico del que, al menos en méxico, se ignora: la guerra de biafra, cuando la región oriental de una muy nueva república nigeriana se separó del resto del país en 1967 y por ello fue devastada.



la novela usa los hechos históricos, los años sesenta, para contar la historia de dos hermanas, un profesor universitario, un joven adolescente, los amigos y los familiares, los poblados y ciudades donde vivían y de un británico blanco, enamorado de la cultura de la región, de una de las hermanas y de la nueva república. cuenta también como las hermanas viven dueñas de su propia vida, lo cual es una de las características de la literatura de chimamanda ngozi adichie: a estas dos mujeres, olanna y kainene, nadie les dice cómo deben de vivir su vida, su sexualidad, su tiempo. son mujeres poderosas, son mujeres que tienen voz. es, sobre todo, una novela de seres humanos sobreviviendo, soñando, cayendo, recuperándose, hambrientos, enamorados, asustados, confundidos, engañados, sucios, abandonados, rotos, heridos, aprendiendo. hay 8 fragmentos que corresponden a la novela ficticia que está escribiendo richard, el británico, “el mundo guardó silencio cuando morimos”, donde se describen episodios reales de la guerra de biafra: qué brutales podemos ser. en los agradecimientos al final de la novela, chimamanda escribe:

“Para que nunca olvidemos.”

en este episodio de la humanidad (que, por supuesto tiene que ver con la incapacidad de ver al otro y de entender y tolerar y que, por supuesto, tiene que ver en la manera en que el imperio británico, al igual que otras naciones europeas, determinó fronteras de países de manera caprichosa para lograr controlar mejor a las poblaciones ocupadas y que hoy, por ejemplo, tienen al medio oriente ensangrentado) hay un elemento brutal y que me deja pensando. ambas naciones, nigeria (independiente desde 1960) y biafra (que se separó en 1967 y volvió a anexarse en 1970) eran naciones pobres y subdesarrolladas, naciones que empezaban a contar sus propias historias. al comenzar la guerra, ambos ejércitos son pobres, desorganizados, hambrientos. nigeria, con el aval del mundo, logra aislar a biafra, bloquea al país, bombardea y destruye la poca infraestructura, ataca a la gente de los libros y a los igbos, la tribu más numerosa de biafra. nigeria usa un arma que cuesta poco: el hambre. durante tres años el ejército nigeriano usó el hambre como arma de destrucción masiva y fue lo que acabó ganando la guerra. y esto hay que repetirlo y no olvidarlo: ahí también hubo un genocidio: en rwanda fue con machetes, en armenia fue con desplazados y fusilados, en alemania y europa fue con cámaras de gas, en argentina y en chile fue con desaparecidos, en guatemala fue incendiando poblados, en bosnia-herzegovina fue con balas, en camboya fue con campos de concentración, en biafra fue con hambre. nuestro triste siglo xx.

la novela se publicó en 2006 en inglés y en español en 2007, la edición que tengo es del 2017, publicada por literatura random mondadori, con un prólogo de lina meruane, la traducción es de laura rins calahorra. de chimamanda ngozi adichie he leído antes “americanah” (2013), una maravillosa novela sobre la identidad y el lenguaje (y la memoria también) y he escuchado muchas veces la ted talk “el peligro de una sola historia” que es de esas cosas importantes que uno encuentra en la vida.



viernes, 29 de septiembre de 2017

20 años de “portishead” de portishead

otro de los discos que escuchábamos entonces y que seguimos escuchando cumple 20 años. "portishead" de portishead. otro de los discos fetiche. nuestros discos se van volviendo adultos. nosotros, viejos.

nos toca construir la memoria y en este 29 de septiembre frío y lluvioso y triste volvemos a escuchar: "cowboys" inicia el disco: un hechizo que dura 50 minutos en once canciones.


disco para escucharse de principio a fin. los días lluviosos y nublados suena muy bien. en los días con sol y cielo azul también, especialmente las canciones "undenied" y "all mine". al escuchar "undenied" por primera vez, hace veinte años, el embrujo fue total: la voz de beth gibbons desde entonces es compañía. el hilo se desenrolla (o se enrolla, según) y el disco avanza, el dolor bonito de escuchar "humming" y "mourning air", un trip hop para quedarse inmóvil y mirar el aire, como sin estar. el hilo sigue (o se retrae, según). ya hacía el final, "elysium" siempre me ha parecido una perfecta canción de venganza, para mover la cabeza len-ta-men-te de izquierda a derecha, canción para subir el volumen, esas alegrías.

al llegar al final, "western eyes", las últimas notas, ahí sucedió un momento: había un antes de "portishead", había un después. en ese después seguimos.

¿cómo construimos la historia que vivimos? ¿esa historia personalísima de la que muy pocas personas formamos parte, que no aparecerá en los libros? "portishead" apareció cuando todos los barcos habían naufragado, el incendio había pasado, no había nada más que hacer (y, en realidad, nada había sucedido y la vida esperaba todavía, pero entonces no se sentía así). "portishead" fue la bocanada de aire fresco que me regresó a la superficie. volver a respirar. mirar lentamente las ruinas. sentir que las palabras volvían a los labios y a las manos. es un disco mágico y triste. otro de los discos que me construyeron.

era 1997, el-año-en-que-todo-ocurrió. veinte años más tarde todavía lo escucho y todavía hay escalofríos donde es importante que los haya (escucharlo con audífonos, una maravilla)

“portishead” de portishead fue escrito por geoff barrow, adrian utley y beth gibbons, producido por ellos y dave mcdonald. apareció el 29 de septiembre de 1997. en mis manos debe haber llegado en noviembre o diciembre.

(gracias)

tadaima, otra vez

(“tadaima” es una palabra japonesa que quiere decir “ahora estoy en casa”, tiene el kanji ima, que significa “ahora”)


toda ciudad es un organismo vivo: se mueve, se crea, cambia. no lo vemos pero sucede que conforme avanzan los días cambian las cosas, como un cuerpo. le crecen los árboles, se caen las hojas, un negocio al que nunca íbamos cierra y no lo vemos, aparece una nueva construcción, hay un café nuevo, aparecen edificios y vialidades. un día, la calle de siempre funciona en sentido contrario y ahora hay bicicletas. todo es un caos constante y cambia. y a veces, como en los cuerpos, las cosas cambian sin avisar: se rompe, se cae, se quema, se ahoga. y la amamos así, nos aferramos, la cuidamos, la queremos, es nuestra ciudad y la amamos cada vez más aunque tengamos miedo. es nuestra casa.


había un muro en la colonia roma norte que tenía escritos unos versos que me sacaron el aliento la primera vez que lo vi. las últimas veces que pasé ya no estaban los versos. el muro estaba vacío, sin las palabras correctas, sin el hechizo, sin conjuro. debería de seguir ahí porque las palabras no se disipan aún. y ahora, en estos días de final de septiembre, no sé si el muro está ahí todavía.


miércoles, 9 de agosto de 2017

tadaima

(escribir es un compromiso: la palabra se queda. a veces no hay palabras, otras veces no hay ganas de tener palabras, a veces hay más sombras que palabras)


“tadaima” es una palabra japonesa que quiere decir “ahora estoy en casa”, tiene el kanji ima, que significa “ahora”. en mi cineteca en estos día de agosto pude ver (volver a ver, 22 años después) la película alemana “nadie me quiere” de doris dörrie filmada en 1994 y al día siguiente vi “greetings from fukushima” filmada en 2016 (también conocida como “fukushima, mon amour”). la de 1994 la había visto en otro tiempo y otra vida, hace tanto que mariana sánchez ya no la recuerda ni sabe de qué le hablaba, la memoria tiene naufragios y se pierden libros y películas ahí, pero en su momento la vimos y discutimos, buscamos respuestas. 22 años después la película sigue siendo tan poderosa y vigente como entonces (eso sí, la moda y los colores de los años noventa son un horror, jajaja). “greetings from fukushima” es una poderosísima puesta en escena: una alemana (rosalie thomass en el personaje de marie) que tiene el corazón roto viaja a japón, a los albergues temporales de damnificados para hacer trabajo comunitario, pensando que ver a otros que han perdido todo le hará más fácil el trago de tristeza, pero no: en el albergue conoce a una señora japonesa (kaori momoi en el personaje de satomi), geisha, mayor que ella, quien abandona el albergue para volver a su casa, una de las pocas viviendas que no se llevó el mar durante el maremoto de 2011 y que quedó dentro de la zona de alta radiación cercana a la central nuclear de fukushima. satomi perdió vecinos, recuerdos, su última alumna, las cosas que tenía dentro de la casa. recupera unas pocas fotos, un buda roto, reconstruye desde lo poco que tiene y se sienta a beber el té: satomi le enseña a marie que cuando se bebe el té no se debe hacer otra cosa, es un momento para estar ahí y entonces, para pensar en el té, en la taza, en la textura de la taza en la mano, en el olor en como entra la bebida caliente a través de la garganta, que la experiencia sensorial debe ocuparlo todo y que uno debería estar ahí. pensar en la taza de té. o no pensar, sino sentir. marie combate sus fantasmas y los fantasmas que hay alrededor de la casa y que vienen de noche. marie y satomi se encuentran para sostenerse, avanzan. son y están, algo tan simple y tan complicado, lo mismo que les sucede (sin el elemento del deseo) a los personajes de emmanuelle riva y eiji okada en la increíble “hiroshima, mon amour” de alain resnais (1959).



doris dörrie dijo que filmó en blanco y negro para poder hacer una metáfora fílmica, pero también para hacer un homenaje y un diálogo a la película de resnais, pero también para homenajear y dialogar con los grandes maestros del cine japonés: yasujirô ozu, akira kurosawa, kenji mizoguchi, shôhei imamura y mikio naruse.

doris dörrie dijo que quiso hacer esta película para poder contar algunas de las historias de los personajes reales que vivieron el terremoto y el maremoto y la fuga de radiación de fukushima: un abad budista (que aparece en la película hablando de su historia) que dejó de sonreír, un anciano que se decía a sí mismo “no lo entiendo, no lo entiendo, no lo entiendo” durante días y horas entre las ruinas, una geisha anciana que logró enseñar su canción a algunas geishas jóvenes, un empresario japonés que al terminar de trabajar se pone una cabeza de gato en tokio.

ver cine me devuelve a casa. me devuelve a mí mismo. ver cine de gente que busca y que encuentra me hace feliz.


(hoy, hace 72 años nagasaki desapareció en el fuego atómico. nunca olvidar)

lunes, 31 de julio de 2017

los ojos de jeanne

pocas palabras: la conocí corriendo en un puente, vestida de hombre y con un bigote pintado. hace trampa y les gana a jules y a jim. la conocí antes de saber quién era jules y quién era jim, antes de saber quién era françois truffaut, antes de saber quién era ella, antes de descubrir eso que cambiaría mi vida: antes de saber que se podía ver cine y que se podía hablar de cine. hoy murió jeanne moreau y se muere una parte importante del cine del siglo xx y del cine de autor.


después la volví a ver, una y otra vez y siempre fue magnífica. sus ojos. su mirada. los ojos y la mirada de jeanne moreau. estuvo en “querelle” de rainer werner fassbinder, en “diario de una recamarera” de luis buñuel, en “la noche” de antonioni, actuó para amos gitai, para françois ozon, para el silencioso manoel de oliveira en 2012 para “gebo y la sombra”, para louis malle en “ascensor para el cadalso” en 1958 y obviamente en “jules et jim” de françois truffaut. su cara, su voz, su presencia en la pantalla alimentó el cine. esa manera de hacer cine. qué maravilla haberla visto y que la puedo volver a ver corriendo en un puente. siempre les ganará a jules y a jim.





(he andado silencioso: volveremos pronto: andamos pensando)