a
la manera de sei shōnagon, cosas que
son frágiles:
la
luz justo antes que anochezca, la vida, las cosas que la forman, un crisantemo
que se marchita, lo que sucede cuando se enuncian ciertas palabras, los
secretos, el cemento debajo de un árbol, el recuerdo de una textura en los
dedos, las costillas (a veces), mis tobillos, el instante en que comenzará a
llover, caminar sobre el hielo, un vaso de vidrio que se cae, lo que
construimos si se mueve la tierra, una fotografía si hay furia o fuego, un
verso antes de despertar, la alegría, un mazapán, nuestro incierto lugar en un
altar de muertos, la calma.
y se llega a los 39, incendiamos el
pastel y se agradece, mucho: inmensamente.
todo lo sucedido, todo lo vivido, lo
visto, lo escuchado, lo leído, lo reído, lo llorado. toda la felicidad en sus
momentos, toda la tristeza en otros, las cicatrices. mi ciudad, la posibilidad
de conocer otros lugares, otros idiomas, otras otredades, la ciudad plato-roto, los otros lados del mar, el
sur. poder entender desde otra manera la vida: leer, escribir, ver a través de
la cámara, ver cine, maravillarme por la arquitectura y ser el-arquitecto-que-no-fui. escuchar
gente, hablar con los amigos por horas, tener muchos muy buenos amigos.
aprender de los 5 abuelos, de los padres, de anne & lin, de los 4 hermanos,
de la familia argentina, de la familia elegida en nebraska, de la familia
elegida aquí, de los niños que van naciendo cerca, tener una historia que
contar. apasionarme por la poesía, apasionarme por los libros, hablar de libros
y de escritores, compartir y hablar y saber que alguien escucha, hablar de lo
leído y mejor aún, hablar de lo que habremos de leer, releer y descubrir cosas,
leer nuevos libros, haber leído “the cat in the hat”, “where
the wild things are”, “2666”, “howl”, “tabaquería”,
“gilgamesh”
y “moby
dick”, “el quijote” y los poemas de juan gelman. maravillarme por el paso del tiempo y por las
tormentas de verano que envuelven el aire en esta ciudad. las horas con el gato
acurrucado cerca de mí y ronroneando casi durante doce años, las caminatas
infinitas, las caídas, las horas con christian a mi lado en ya más de trece
años juntos. escribir a veces cuando estoy tranquilo, escribir a veces cuando
las avispas andan inquietas, enojarme & enamorarme de las palabras
necesarias, disfrutar el silencio. escribir & recibir cartas por correo
postal. la música, todo mahler acompañándome, escuchar discos de principio a
fin por necedad, por felicidad y por convicción, descubrir música nueva. un
café caliente, un amanecer, el olor a tierra mojada, el chocolate, las
panaderías, una botella de tinto, un vasito (o dos) de mezcal. saberme finito,
saberme aquí & ahora, saber que la vida es un constante
antes-después.
y así, 39 ya. gracias. he llegado hasta aquí & seguiré avanzando: el camino
sigue.
hablando de “moby dick” el otro día enuncié:
“no
me arrepiento de nada”. y es así.
(a manera de soundtrack de estos días: “black lake” & “the
dull flame of desire” de björk;
“the
land between solar systems” de múm;
“i
am a rock” de simon &
garfunkel; “hand-made” de alt-j;
“divine” de antony & the johnsons; “undenied” & “roads”
de portishead; “
‘til i gain control again” de this
mortal coil; “lights” de interpol; “hasta
la raíz” de natalia lafourcade; “altas
horas” de entre ríos; “i
had this thing” &, por supuesto, “monument” de röyksopp)
el verdadero horror había comenzado unos días antes
(porque el horror estaba por cumplir ya casi seis años, desde que polonia fue
invadida en 1939 y ya los muertos sobrepasaban cualquier número posible de la imaginación)
cuando desapareció hiroshima en segundos.
el 9 de agosto, 1945, verano absoluto. todo el calor.
pasando las 11:00 a.m., nagasaki desapareció: de nuevo en segundos una ciudad alimentaba
al fueg:, la piel y los huesos se convertían en polvo y aire caliente.
desapareció nagasaki hace 70 años.
no puedo imaginar el horror de los japoneses en todas
las ciudades del país a partir de ese momento: ¿quién seguía? ¿quedaría algo de
su cultura, de su país, de su idioma, de sus familias? si la guerra desatada
era enunciar el horror: los bombardeos contra civiles, el hambre, las
atrocidades en cualquiera de los bandos, todas las familias con pérdidas,
millones de jóvenes muertos y hechos pedazos, los campos de concentración, no
puedo imaginar el miedo que siguió en cada casa hasta que japón se rindió y se
terminó la guerra (después el miedo atómico continuaría y durante años marcaría
al mundo, pero esa es otra historia).
y a pesar del horror y de haber desaparecido, hoy Hiroshima
y Nagasaki existen y continúan, perdonan pero no olvidan: que no vuelva a suceder.
nos toca conservar la memoria: nunca olvidar.
8:15 a.m., desaparece hiroshima. han pasado 70 años y el reloj sigue
inmóvil.
que no se olvide: que no se pierda la historia, nuestra historia. que pasen los años y sigamos nombrando el horror
humano y la maravilla de que se puede volver a comenzar: aunque todo se queme,
aunque el aire sea fuego y la piel de miles sea cenizas en segundos. Hiroshima,
querida. mon amour. herida abierta
todavía y a pesar de todo, seguimos escribiendo, pintando, riendo, se hacen
versos todavía, se hacen películas, nacen niños, se construyen ciudades, hay
sueños que construir.
el gato llegó inesperadamente, de un día al otro en agosto de 2003. y
así se fue después de doce años de compañía el 31 de julio de 2015, sin avisar.
llegamos a casa el viernes por la noche y no salió a recibirnos exigiendo su
comida como acostumbraba si se nos hacía tarde: estaba muy quietecito,
recostado tranquilamente, muerto en el piso de la habitación, en la alfombra
que era su último descubrimiento/placer de la vida. christian y mau perdieron
al tercero de la manada y eso inauguró una tristeza inesperada.
ahora ya no está el buen lükas, el hermoso gato.
fue compañero de insomnios, lapa de pelos en los días fríos,
despertador neurótico de lunes a domingo, siempre presente al abrir el
refrigerador, cazador de moscas y arañas, bebedor de rompope y comedor de
aceitunas, ladrón de cigarros, respondón y juguetón. enorme, tibio, cariñoso,
ronroneador en la tibieza. necio. hermoso. el gato lükas, el pelükas, su
lükeza. su mirada. sus garritas. se llenaba de sol durante la mañana y al
atardecer. bebía del vaso de agua para la noche. él estaba tranquilo en su
manada, lo asustaban las tormentas.
cuando llegó a casa cabía en la palma de la mano. esa noche lo quisimos
dejar fuera de la habitación, para que se acostumbrara a dormir ahí y lloró y
lloró y lloró: lo dejamos entrar “sólo por esa noche” que se convirtieron en 12
años: todavía la última noche que pasó en casa, estuvo ronroneando, acurrucado
entre los dos.
este territorio de la tristeza es tan grande, pero nos quedamos
contentos: nos acompañó 12 años: tuvo una muy buena vida de gato: jugó, comió,
estuvo a salvo, lo cuidamos, nos acompañó, lo acompañamos. lo vamos a extrañar.
aprendimos de él: y además nos recuerda que siempre hay un aquí & un ahora. nos
la pasamos viviendo a veces sin ver que no hay permanencia. hay que
aprovecharlos los aquí & ahora. vivirlos. escribe machado:
“Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan”
gatito hermoso, adiós: te pensaré en el calor del sol: te pensaré en
los insomnios sin tu presencia. gracias infinitas por coincidir.
es increíble pensar que el tiempo pasa y avanza. que
sigo aquí y que he vivido mucho y lo que falta. que tengo mis libros y mis
discos, que tengo mi extraño corazón, que tengo mis amigos, mi familia
biológica, mi familia elegida, mi propia familia construida con una chango, un
gato y un oso. que tengo una voz y una memoria. que tengo mis versos, mi tinta, que en noches de insomnio ahí están a veces walt whitman y allen ginsberg haciéndome compañia.
que tengo mis obsesiones, mis ojos que observan, mi piel, mi silencio, mi mapa del fuego y el mapa de sombras, mis
derrotas, mis logros, los viajes, mis recuerdos, mis sueños, los propios y los
compartidos. lo que queda por descubrir, todo lo que no he leído, las tormentas de verano que me mojarán, las palabras por decir: las cosas que nombraré.
que pese a todo, aquí sigo. que pese a todo: avanzo, a mi manera.
en estos días no puedo dejar de escuchar esta canción: “monument”
de röyksopp & robyn (2014).
eran las tormentas de verano de 1998, todo estaba en ruinas por
dentro. todo. algo estaba fuera de lugar adentro de mí, la brújula estaba rota,
sucedían continuos descensos a los lugares poblados de sombras y, en ese
entonces, varios fantasmas que me observaban fijamente. en esos días, cayó en
mis manos “big calm” (1998) de morcheeba y volvió la calma: aunque
todavía no me detendría y seguiría hundiéndome un poco más y seguiría
incendiando las ruinas y seguiría descendiendo una y otra vez algunos meses
más, ese disco me salvó. me tomó de la mano. me regresó.
es el segundo disco del grupo inglés con la fantástica voz de skye
edwards, es justamente la época de auge del trip hop y lo alternativo y
en aquel entonces fue una bocanada de aire fresco ante tanta tristeza y ahora,
16 años después mientras escucho este disco escucho la influencia de este disco
en los fantásticos discos “plastic beach” (2010) de gorillaz
y en “the
odd couple” (2008) de gnarls barkley.
lo escucho ahora, en 2014, y es un disco perfecto: vivo, vigente,
maravilloso. lo escucho y vuelve esa gran calma a llenar mi sangre. lo escucho
y me recorren los escalofríos otra vez: el disco comienza con “the
sea” y es una maravilla.
siguen diez canciones más, “shoulder
holster”, “part of the process” (¡UUUUH!), “blindfold”, “over
and over” (¡UUUUH otra vez!) y la fantástica “fear and love” con esa enorme
verdad, que en aquel momento me abrió los ojos:
Fear can stop you loving
Love can stop your fear
un disco fantástico, de esos para escuchar de prinicipio a fin. una
y otra vez.
necio como una mula, tengo algunas
fiestas y algunos ciclos, el calendario se me llena de días importantes. hoy es
una de ellas: la noche de san juan.
hoy en casa
haré un breve fuego para quemar lo que no me sirve: mis miedos, mi incapacidad
de decir "no", mi
inmovilidad ante las cosas, mis fantasmas que me ocupan de noche y me hablan
bajito, mi incapacidad de reconocerme importante, esa falta de creer en mí, lo
que me habita en las sombras. que se vaya todo eso.
en ese breve
fuego quemaré también lo que me define: mis palabras y mis silencios, mi
corazón, mi historia, mis pasos, mis viajes, mis amigos, mis sobrinos que ya
están y los que vendrán, mis ideas que defiendo como gato boca arriba, algunos
versos que me calman, mi necedad de creer que este mundo puede ser mejor, lo
que soy. que se quede todo esto. es el tiempo de construir el fuego: que venga y me calme, que sea feroz, que me haga temblar, que ilumine la noche cuando más lo necesito. que venga el fuego. que vengan las tormentas de
verano una vez más.
entre los pocos versos que sé de memoria hay uno de allen ginsberg
que dice:
“Where are we going, Walt Whitman? The doors close inan hour. Which way does your beard point tonight?”
hoy, 31 de mayo, walt whitman cumpliría 195 años. las velitas en
su pastel harían un incendio. como lo fueron sus versos cuando los escribió en
el siglo xix. un incendio como cuando sus versos se leen ahora.
en el mundo mitológico de la poesía ahí está, gigantesco walt
whitman. sentado, enorme poeta, solitario, con su enorme barba y su sombrero,
sus ojos tristes. mira a través de su ventana en un mundo donde aún no hay
electricidad, recuerda la piel de aquel muchacho que acarició y besó (aquel
muchacho que son cientos de hombres y mujeres a los que acarició y besó y que
el mundo desaparecía al estar con ellos/en ellos), recuerda que tuvo su sangre
en sus dedos y le dijo que todo iba a
estar bien. recuerda los veranos interminables. recuerda el paso del tiempo,
el paso de su adorado río paumanok junto al que caminó tantas veces,
perdiéndose entre sus propios pasos y los árboles, entre la maravilla de la
vida y la maravilla cotidiana que es el cuerpo, haciendo versos que hablaban
con todas sus palabras de ese centro que
era el bajovientre de un hombre, el olor de una nuca, la piel al amanecer en
aquel siglo xix, tan lejos ya. otro mundo.
walt, enumerador de la vida, enumerador de los misterios, de las
palabras que valían la pena, de las penumbras y los caminos recorridos,
enumerador de huesos, pieles y cicatrices. walt, querido walt. qué lindo es
festejar tus multitudes en este frío y lluvioso mayo, desde otro idioma, desde
otro tiempo y otra geografía.
el verano va llegando a la ciudad de méxico. eso quiere
decir que comienzan las enormes tormentas de verano, las mañanas lluviosas, el
musgo en los árboles, los charcos que mojan los pies. las hermosas tormentas de
verano en la ciudad de méxico, relámpagos, inundaciones y granizo. y la
humedad, los mosquitos. los días más fríos.
hoy, el día (gris, lluvioso, frío) se presta como para
escuchar a los islandeses de sigur rós. la canción se llama “varðeldur”
y es del penúltimo disco, “valtari” (2012). acaba de salir
hace unos días el nuevo disco, “kveikur”, que dada mi catástrofe
financiera personal esperará unos días más en caer en mis manos.
hasta el momento el camino ha durado 36 años. el camino ha sido largo, me ha mostrado mucho y he aprendido mucho: el amor, el desamor, la felicidad, las risas, los amigos, las traiciones, el aburrimiento, la maravilla de leer, los cientos de libros leídos, los miles de libros por leer, aceptar que hay millones de libros que no-leeré-jamás (es más, que ni siquiera sé que existen), que se hablan idiomas y que se puede decir a veces la voz anglosajona “warmth” y sentir ese calorcito en la lengua o a veces la portuguesa “saudade” y saber que se habla del mar, sus nostalgias u otros fantasmas. he aprendido que esta ciudad, mi ciudad de méxico, es maravillosa y que el cuerpo es un objeto fascinante y mágico, que si me lo propongo puedo llegar caminando tan lejos como la geografía me lo permita, que un hecho tan simple como respirar o beber una taza de café pueden salvar el día. he aprendido que nada es para siempre, que la muerte a veces viene como enfermedad larga o como un instante, que hasta la unión soviética o el muro de berlín pueden desaparecer. he visto el sur: he sido feliz y triste allá, perdí una sombra en buenos aires, otra de mis sombras está perdida en japón. estuve y viví londres a mi manera, estuve en un berlín que ya no existe, he recorrido méxico y estados unidos por carretera, largas noches y días viéndolo todo, aprendí que la cerveza en costa rica es deliciosa y que el paraíso sí existe y que está ahí. tengo mis discos que me acompañan siempre. mis obsesiones nuevas y recurrentes, mi hombrecito en la cabeza que me acompaña en los insomnios. escribo cosas, tengo muy buenos amigos, un gato que me quiere, mi familia (todos locos, pero buenas personas, je je), 10 años celebrando el paso del tiempo junto a christian. he aprendido que la memoria es un enorme tesoro, que ahí está todo, mi aleph personal. hace 20 años, en el verano de 1992, celebré con mis amigos más cercanos de aquel entonces, todavía acely, ernesto, lucía y cecilia andan por mi vida. que buen camino, que buen regalo, que buen futuro.
"Era un manuscrito de la noche que no podíamos leer."
Jack Kerouac
"Haber estado tan cerca tantas veces"
Konstantinos Kavafis
y es así: llega el verano como cada año y es inevitable sentirme contento, ¿qué misterios traerá este año el verano? ¿cuántas tormentas de verano en esta ciudad de méxico me tocarán los huesos? ¿cuántas historias? ¿largos atardeceres? ¿largas y húmedas caminatas en compañía y en soledad?
llega el verano y llega unos días después la mágica noche de san juan, increíble tradición, una especie de año nuevo para mi.
¿qué tiene de especial que sea verano o no? en realidad nada, el tiempo sigue su camino linealmente, todo sucede conforme debe ir sucediendo, da lo mismo que sea lunes o invierno, pero para mi el verano tiene un significado especial. supongo que se acumulan pedazos de verano, fragmentos de memoria, vida plena, cuentos, historias, vivencias.
del verano son los larguísimos viajes a visitar a mis abuelos en san diego o en el paso, el largo desierto y sus paisajes, el juego de contar postes de luz y perder el juego porque entre el primero y el segundo poste de luz pasaban momentos eternos de nada y luz, de los juegos silenciosos con las nubes, de la sensación de estar llegando al destino después de horas y refrescos tibios; del verano son las tardes en casa de mis abuelos alicia y nacho, escuchar a mi abuelo hablar de historia, verlos fumar, mi abuela preparándose el café en la mañana, el olor de la alfombra, mi tía margarita fumando, las grandes tormentas donde no llovía, los millones de mosquitos, las caídas de la bicicleta; del verano son los días en casa de mis padrinos en el desierto de coahuila, los enormes nogales, el olor del adobe, los higos, los caballos (había un caballo hermoso y enorme que se llamaba canario), las tortillas de harina recién hechas, la dentadura postiza de paul-verdad, los sueños recurrentes; del verano son los recuerdos de mi prima ángela en mi casa, horas y horas jugando a nada y a todo.
del verano de 1992, veinte años atrás, son los recuerdos de la alfabetización, los primeros recuerdos de los amigos más antiguos que tengo. de ese verano son los primeros poemas, el pasar horas hablando de noche, las primeras tazas de café, los recuerdos tan nítidos de gente del campo aprendiendo a leer algunas frases en lo que nos enseñaban que había otra realidad y que se podía palpar esa otra realidad ahí, bajo la lluvia, llenos de lodo, sucios, felices.
del verano de 1993 es el recuerdo de una amistad inmensa y las primeras obsesiones musicales: r.e.m. y björk, al menos. del verano del 94 son recuerdos de los primeros amores en la vida, de las enormes tormentas en la ciudad de méxico en lo que iba descubriendo mi propio rostro y mi propio ser. del verano del 95 es una felicidad enorme, del verano del 96 es una tristeza infinita y muchas horas mirando llover en florida, escribiendo versos que ahora me parecen torpes pero que fueron una tabla de salvación, de ese verano es el recuerdo de alemania ganando la eurocopa y de las películas de herzog y la primera vez que vi algo de lars von trier.
del verano del 97 son los recuerdos del mejor verano: florida, ángela y john, mosquitos, calor, tormentas, noches largas bebiendo, bailando, siendo, leyendo a pessoa, a ginsberg y a saramago, escribiendo, era descubrir lo que sucedía, era reconstruirme de cero, armar de nuevo el rompecabezas de lo que había quedado de mi. del 2000 es la muerte de mi amigo gabriel. del verano del 2001 fue descubrir que en el sur había invierno y que parte de mi sombra se quedaría para siempre bajo la lluvia en buenos aires, de encontrar mi propia voz al escribir y sentirme contento con mi yo escritor. del verano del 2002 son los primeros meses cerca de christian, de tenerlo cerca y alrededor, de largas noches de insomnio mirando la ciudad, escuchando trolebuses pasar, de imaginar que la vida era posible. del 2003 es comenzar a hacer una casa y tener un gato y plantas y espacios vacíos en los libreros. del verano del 2006 son recuerdos del sur más al sur, el haber llegado al fin del mundo, ver los glaciares, sentir el frío verdadero, saberme vivo y pleno. y desde hace unos años es hacer una hoguera o un pequeño fuego en la noche de san juan y quemar las cosas malas y quemar buenos deseos y reír con los amigos y celebrar que inicia un nuevo ciclo que va de fuego de san juan a fuego de san juan y que así sucede el tiempo.
¿qué sucederá este verano? ¿qué historias? ¿qué conversaciones? ¿qué amigos estarán alrededor? ¿qué libros? ¿leeré “los detectives salvajes”? ¿qué discos? por lo pronto, en estos días no he podido dejar de escuchar “valtari” de sigur rós y hoy fue mi primera tormenta de verano: empapado y feliz.