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viernes, 29 de enero de 2016

esperando que hierva el agua

(“sparks”, röyksopp. es de noche y hace frío en la ciudad de méxico. hoy no vi el atardecer desde la ventana, hoy más bien era el viento y la nariz helada, los dedos buscando un rinconcito para esconderse y sentir calor. ahora espero que hierva el agua para preparar un té. la canción es del 2001 y sigue, quince años después, sacando chispitas en el aire. ¿qué cosa será el tiempo que de pronto se estanca y de pronto pasa en un abrir y un cerrar de ojos? ¿cuál es la materia con el que se construye? ¿cómo guarda uno sus recuerdos? ¿la primera vez que se escuchó una canción, hacía frío o no? ¿se bebía té, vino tinto o había sed? ¿tristeza o felicidad? ¿era aquí o era otro lugar? ¿y si aquí ya es otro lugar? ¿había niebla esa noche? ¿era de noche y no pasaban taxis para llegar a casa? ¿estaría pensando en ese verso de walt whitman…

An unseen hand also pass’d over their bodies,
It descended tremblingly from their temples and ribs.

que a veces vuelve a la memoria sin avisar? ¿qué fuegos hubo? ¿cómo será una tarde de verano en oulo, finlandia? esas cosas. el agua hierve. el té negro, con miel)

sábado, 31 de mayo de 2014

contener multitudes

entre los pocos versos que sé de memoria hay uno de allen ginsberg que dice:

“Where are we going, Walt Whitman? The doors close inan hour. Which way does your beard point tonight?”

hoy, 31 de mayo, walt whitman cumpliría 195 años. las velitas en su pastel harían un incendio. como lo fueron sus versos cuando los escribió en el siglo xix. un incendio como cuando sus versos se leen ahora.


en el mundo mitológico de la poesía ahí está, gigantesco walt whitman. sentado, enorme poeta, solitario, con su enorme barba y su sombrero, sus ojos tristes. mira a través de su ventana en un mundo donde aún no hay electricidad, recuerda la piel de aquel muchacho que acarició y besó (aquel muchacho que son cientos de hombres y mujeres a los que acarició y besó y que el mundo desaparecía al estar con ellos/en ellos), recuerda que tuvo su sangre en sus dedos y le dijo que todo iba a estar bien. recuerda los veranos interminables. recuerda el paso del tiempo, el paso de su adorado río paumanok junto al que caminó tantas veces, perdiéndose entre sus propios pasos y los árboles, entre la maravilla de la vida y la maravilla cotidiana que es el cuerpo, haciendo versos que hablaban con todas sus palabras de ese centro que era el bajovientre de un hombre, el olor de una nuca, la piel al amanecer en aquel siglo xix, tan lejos ya. otro mundo.


walt, enumerador de la vida, enumerador de los misterios, de las palabras que valían la pena, de las penumbras y los caminos recorridos, enumerador de huesos, pieles y cicatrices. walt, querido walt. qué lindo es festejar tus multitudes en este frío y lluvioso mayo, desde otro idioma, desde otro tiempo y otra geografía. 



(¿qué harías hoy día walt whitman?)