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domingo, 19 de julio de 2020

10 años al aire, 10 años hablando


esta es una forma que elijo para usar la palabra & la memoria para celebrar diez años al aire: diez viñetas.

a la manera de margo glantz y de roberto bolaño que a sus veces lo hicieron a la manera de georges perec, quien a su vez... un hilo conductor, una madeja de memorias.


me acuerdo que hace 10 años:

me acuerdo que hace 10 años era lunes, eran las 4pm y transmitía por primera vez la palabra feroz, asustado y confundido, equivocándome, riéndome, hablando en plural. me acuerdo que no sabía dónde estaría parado dentro de 10 años. me acuerdo que no estaba seguro si tendría algo que decir.

me acuerdo que hace 10 años estaba bastante roto y asustado, que me reconstruí mientras hablaba de libros y poesía, que me rompí de nuevo, que me hice pedacitos, que estoy construyéndome ahora. me acuerdo que tenía una silla negra pequeñita, algunas plantas y un imán que me gustaba mucho en el refrigerador.

me acuerdo que hace 10 años no imaginaba tener que vociferar para defender derechos y cultura, espacios  independientes, la diversidad, la otredad, el derecho a respirar.

me acuerdo que hace 10 años todavía vivían lükitas, anne, marjorie, juan gelman, leonard cohen. sergio loo también estaba vivo pero ni sabía que escribía ni que existía. marielle franco vivía, eric garner respiraba.

me acuerdo que hace 10 años no había leído a margo glantz ni a maría mercedes carranza ni a luis felipe fabre ni a georges perec ni a césar cañedo. no había leído aún “los detectives salvajes” de bolaño, ni “el quijote” de cervantes ni “moby dick” de melville ni la epopeya de gilgamesh de misteriosos babilonios ni “dub-sar” de nérvinson machado. no había leído a siri hustvedt ni “el día que me vaya no se lo diré a nadie” de kiko amat.

me acuerdo que hace 10 años no hubiera podido responder la pregunta “¿quién es tu poeta mujer favorita?” y que hoy puedo responder y tengo muchas opciones.

me acuerdo que hace 10 años no conocía colombia ni siquiera me imaginaba visitarla. no conocía medellín ni sabía ni se me ocurría que la amaría locamente y que le escribiría cartas a una ciudad recordando el sonido de la gente que vende aguacates. no había visto nunca un guayacán.

me acuerdo que hace 10 años no imaginaba que con la palabra se podía cocinar, tejer, construir, mostrar un mapa, levantar puentes, bailar, tatuar, mirar, curar. no sabía, pero lo intuía, que la palabra venía en múltiples presentaciones y que se volvía poderosa al compartirla. sabía que la palabra salía pero que también regresaba.

me acuerdo que hace 10 años no conocía el disco “the suburbs” de the arcade fire. tampoco sabía que en unas semanas nos encontraríamos por vez primera, ni sabía que estaba en el otro laberinto, el del tiempo: esperándome. no existía aún “vulnicura” de björk pero ya se estaba gestando.

me acuerdo que hace 10 años creía que otro mundo era posible, que todavía lo creo.

(gracias por escuchar: gracias por tanto & por todo)



lunes, 8 de julio de 2019

releer tokio blues


“Todos somos personas que nos hemos doblado en algún punto, que nos
hemos torcido, que no hemos podido manteneros a flote y nos hemos
hundido deprisa. Yo, Kizuki, Reiko. A todos nos ha ocurrido lo mismo.
¿Por qué no te gusta la gente corriente?”
Haruki Murakami


***
lo primero que leí de haruki murakami (kioto, 1949) fue “tokio blues” (1987). lo leí en noviembre del 2008. recuerdo que fue un momento muy importante, un definitivo momento antes-después: el libro me duró poco tiempo, lo devoré, me encantó, tenía ante mí a un autor desconocido del que algunos amigos me habían hablado y me habían regalado algunos libros. acababa de regresar de mi viaje a japón. de ese primer libro, casi once años después: no recordaba casi nada.


recordaba que: es el menos fantasioso de los libros de murakami, que hay una historia de amor inconclusa, que watanabe logra transmitir una sensación de adormecimiento ante lo que le sucede con naoko, que había un bosque. recordaba que era un libro triste pero no recordaba qué tan triste. recordaba que había música pero no que había libros. no recordaba a midori y sus chantajes y caprichos ni sus mini-minifaldas, no recordaba a reiko y sus arrugas, no recordaba a nagasawa, ni a hatsumi, ni a kizuki. recordaba que era una historia entre dos personajes. recordaba que no había seres imaginarios ni cambios en la percepción de la realidad. no recordaba que a naoko le costara trabajo hablar. no recordaba que hubieran tantas cartas, que se escribieron y que se leyeron y que se quemaron. los personajes escriben cartas y esperan respuestas, el correo funciona, se describen por dentro y saben acercarse a los otros o guardar silencio. no recordaba que fuera una novela de personas que se hubieran doblado por dentro, que no supieran elegir las palabras. después de devorar esta novela, no dejé pasar ni un día y entré en otras novelas de murakami que me enloquecieron porque entendí ese misterio murakamiesco del desdoblamiento de la realidad: “kafka en la orilla” (2002) y “crónica del pájaro que da vuelta al mundo” (1995). no recordaba que no había subrayado ningún párrafo.

en “tokio blues” si aparecen los temas y referencias que uno encuentra en murakami: gatos, gente que bebe alcohol y bebe café, cosas que se comen en casa, gente que se traslada en tren, la música que escuchan los personajes, la rutina, los encuentros con personas que cambian la vida, la tensión sexual, pero no hay dimensiones paralelas, monstruos, entidades, misterios a descubrir para salvar una vida. creo que es la novela más triste del escritor japonés, el personaje watanabe se hunde en tristeza y eso se transmite increíblemente.

de alguna manera, ya conociendo casi toda la obra de murakami traducida al español, lo que le sucede a naoko si es un desdoblamiento de su realidad: por dentro ella no está en el mundo real, mientras que watanabe sigue en la misma dimensión de siempre. para naoko el mundo se fractura y lo que percibe la llena de sombras, la imposibilita a moverse, la obliga a guardar silencio. el viaje que hace watanabe me recuerda a lo que hace el personaje de “la muerte del comendador” (2017) antes de llegar a la casa donde sucederá todo. no hay una lucha épica para restablecer la normalidad.


algunas cosas que suceden: la música detona recuerdos y construye la memoria, se habla de los beatles, de la música folk estadounidense, de bach y mozart, de radios y de aparatos reproductores de discos; se habla de la novela “el gran gatsby” (1925) de f. scott fitzgerald que es la novela favorita del escritor, se habla de escritores y de filosofía, todos leen y hay librerías, libros y bibliotecas; los personajes hablan y comparten ideas pero también se sienten cómodos compartiendo el silencio juntos, en esta novela el silencio habla también, tanto en la relación entre naoko y watanabe, como lo que sucede entre midori y watanabe; ya lo escribí antes, en esta novela se escriben muchas cartas; se habla del destino, son personajes que no tendrían que encontrarse pero se encuentran, un gesto, un diálogo, un amigo en común y se hunden en la madeja del tiempo; se habla del sexo gozoso y de cierta incomodidad del sexo casual, se habla de semen y de penetración, se habla de pornografía y sadomasoquismo, de fantasías, de cosas de las que hablamos cuando tenemos relaciones sexuales pero que no hablamos con otros; se habla de las promesas, de lo que se dice en voz alta y queda suspendido en el aire como un compromiso, se habla también de la libertad, de elegir el lugar donde queremos estar o si ha llegado el momento de irse; se habla de que la alegría hace que los personajes se muevan: “Estábamos vivos y teníamos que preocuparnos por seguir viviendo.”; se habla de la vida, aunque la vida y la muerte sean parte de un mismo proceso.

escribe murakami: “Tal como te dije antes, hay que tener paciencia. Ir desenredando la madeja, hilo a hilo, sin perder la esperanza. Por más negra que esté la situación, el hilo principal existe, sin duda. Cuando uno está rodeado de tinieblas, la única alternativa es permanecer inmóvil hasta que sus ojos se acostumbren a la oscuridad.”

ahora, tras la relectura, once años después, mi libro está bastante subrayado. Releer siempre será una sorpresa, uno vuelve a visitar el libro pero también uno vuelve a visitarse a uno mismo, es una de las maneras de la construcción de la memoria.

me gusta y me sorprende y me intriga también que el libro inicie con la frase: “Para muchas festividades”.

(mi copia del libro es la edición de tusquets del 2005, traducción del japonés de lourdes porta)

(hay una película que no he visto, es del 2010 y la dirigió el increíble director vietnamita tran anh hung. me da miedo ver en cine una adaptación de un libro que disfruté y que habla de lo que sucede dentro de uno)

(las ilustraciones son de rut pedreño criado, @aidunnou, y las tomé de este link: https://www.domestika.org/es/projects/438633-tokio-blues)

sábado, 17 de noviembre de 2018

soñar el sueño de toda célula: saberse en compañía


"Que recolectar hojas y reconocer árboles es una forma
hermosa de resistir: devenir sueño de células: dibujarlas y
respirar."
Maricela Guerrero


leer poesía a finales del 2018. si, 2018: el año en que un innombrable volvió al poder en colombia con lo que iniciaron los recortes a la universidad pública y el incremento en gasto para armamento; cuando en brasil se eligió a un candidato abiertamente fascista, misógino, racista, homófobo y que niega el calentamiento global para dirigir un país multidiverso; cuando en méxico hay una abierta preocupación xenófoba de parte de la población contra la caravana migrante de centroamericanos con argumentos que seguramente harán sentir orgulloso al presidente trump de ver cómo podemos ser como él; cuando el número de feminicidios aumento; 2018 y todavía tenemos que salir a las calles a pedir derechos. leer poesía, ¿para qué?


pero. si. leer poesía para decir no. en el libro el sueño de toda célula de maricela guerrero (méxico, 1977), ediciones antílope, sucede algo maravilloso: nos habla del placer gozoso de hacer resistencia. el libro ganó el premio clemencia isaura de poesía 2018 que otorga el instituto de cultura de mazatlán, sinaloa, méxico. la edición muestra el sello característico de amor por el objeto impreso de esta editorial. toda su hermosura inicia al abrir el libro.

desde el lenguaje y la lengua, la que se enuncia, la que llevamos en la boca, a través de pequeños actos: hacer resistencia. maricela guererro comienza hablando de una profesora, la recuerda y la enuncia, este acto tan mexicano de recordar el pasado y las personas que fueron relevantes, recuerda a la maestra olmedo y nos comparte su voz, las cosas que decía y cómo las decía, nos comparte cómo sucede la maravilla de tener una profesora o profesor que logra abrir los ojos de un grupo de alumnos (en este caso, sólo alumnas porque no era un colegio mixto) y cómo sucede entonces el placer de detenerse a recolectar hojas y reconocer árboles y usar el tiempo y las voces para detenerse y ser más persona. no mejor: más, menos un sujeto alienado a las necesidades del mercado, del capitalismo, del patriarcado.

a partir de recolectar hojas y reconocer árboles suceden cosas: se reconoce el derecho al agua de comunidades indígenas, el derecho a usar un idioma, la maravilla de saber la distancia y el tiempo en la que está una persona que se quiere ver. se reconoce el derecho a defender un árbol ante un esquema utilitario que lo quiere hacer papel o muebles o casas o dinero. pero defender un árbol es defenderse a sí mismo. es decir en voz alta “no pasarán”. es decirlo a pesar de que sabemos que probablemente pasen como han pasado infinidad de veces pero decirlo nos vuelve parte de la resistencia.

escribe maricela guerrero:

Preguntas

¿Escribimos poemas para preservar la especie?
Escribimos poemas y trazamos rutas para
transmitir una información que muestre cómo
seguir la vocación de alegría:
luciérnagas
bacterias luminosas

Echarse al lomo de la loba bosque arriba.

Detener es otra forma de fluir.

¿de dónde vienen las palabras? ¿cómo enunciamos el mundo? ¿cómo nos decimos que estamos aquí? ¿cómo nombramos lo importante? ¿quiénes estarán con nosotros cuando haya que despertar de o enfrentar la pesadilla? estas parecieran algunas de las preocupaciones detrás de los verdes versos. es un libro de árboles, de enseñanzas, de lobos que corren, de enfermedades, del hambre, de la defensa del agua, de hechos, de combustiones, de sueños, de células, de palabras con las que se construye. es un libro de construir comunidad: “el sueño de toda célula es devenir células, y millones de ellas participan de esta: nuestra respiración”. “Soltemos la idea de que estamos solos”. escribe maricela guerrero:

Estoy aquí hablando en lo que tengo porque
respirar contigo es una transformación que produce
aliento.

este es un libro hermoso. brutalmente hermoso: leerlo genera eso que han de sentir las luciérnagas cuando se encienden. nos enseña una enorme lección: ahora, hoy, aquí, en estos días, en cada uno de nuestros territorios: leer poesía, reír, darse tiempo para lo gozoso, recolectar hojas o piedritas, preparar una taza de café para beberla a solas (o en compañía) pero sin prisa alguna, ver llover, cocinar con los amigos, caminar sin rumbo o propósito, acariciar un gato, recordar, oler una mandarina antes de comerla, hablar de lo diverso en el cuerpo y el lenguaje, disfrutar una palabra en el paladar: son hermosas formas de construir resistencia. y en eso estamos. eso hacemos. la revolución de las cosas pequeñas.



sábado, 23 de junio de 2018

construir con la memoria


 “No se permitiría pensar en quién quedaba y quién no.”
Chimamanda Ngozi Adichie

***
esta mañana terminé de leer la novela “medio sol amarillo” de la nigeriana chimamanda ngozi adichie. pensé mucho en el tema de la memoria: cómo las palabras nos sirven para enunciar lo que somos, lo que fueron nuestras historias, las personales, las otras, más épicas, y como al nombrar las cosas, para no olvidar, estamos construyendo futuro.


es una novela de ficción que chimamanda ngozi adichie construye con las historias de su propia familia: con lo que le contaron sus padres y sus tíos, con las historias que sus dos abuelas le contaron del porqué los dos abuelos no regresaron. con palabras y con ficción construye memoria. la novela habla de un episodio histórico del que, al menos en méxico, se ignora: la guerra de biafra, cuando la región oriental de una muy nueva república nigeriana se separó del resto del país en 1967 y por ello fue devastada.



la novela usa los hechos históricos, los años sesenta, para contar la historia de dos hermanas, un profesor universitario, un joven adolescente, los amigos y los familiares, los poblados y ciudades donde vivían y de un británico blanco, enamorado de la cultura de la región, de una de las hermanas y de la nueva república. cuenta también como las hermanas viven dueñas de su propia vida, lo cual es una de las características de la literatura de chimamanda ngozi adichie: a estas dos mujeres, olanna y kainene, nadie les dice cómo deben de vivir su vida, su sexualidad, su tiempo. son mujeres poderosas, son mujeres que tienen voz. es, sobre todo, una novela de seres humanos sobreviviendo, soñando, cayendo, recuperándose, hambrientos, enamorados, asustados, confundidos, engañados, sucios, abandonados, rotos, heridos, aprendiendo. hay 8 fragmentos que corresponden a la novela ficticia que está escribiendo richard, el británico, “el mundo guardó silencio cuando morimos”, donde se describen episodios reales de la guerra de biafra: qué brutales podemos ser. en los agradecimientos al final de la novela, chimamanda escribe:

“Para que nunca olvidemos.”

en este episodio de la humanidad (que, por supuesto tiene que ver con la incapacidad de ver al otro y de entender y tolerar y que, por supuesto, tiene que ver en la manera en que el imperio británico, al igual que otras naciones europeas, determinó fronteras de países de manera caprichosa para lograr controlar mejor a las poblaciones ocupadas y que hoy, por ejemplo, tienen al medio oriente ensangrentado) hay un elemento brutal y que me deja pensando. ambas naciones, nigeria (independiente desde 1960) y biafra (que se separó en 1967 y volvió a anexarse en 1970) eran naciones pobres y subdesarrolladas, naciones que empezaban a contar sus propias historias. al comenzar la guerra, ambos ejércitos son pobres, desorganizados, hambrientos. nigeria, con el aval del mundo, logra aislar a biafra, bloquea al país, bombardea y destruye la poca infraestructura, ataca a la gente de los libros y a los igbos, la tribu más numerosa de biafra. nigeria usa un arma que cuesta poco: el hambre. durante tres años el ejército nigeriano usó el hambre como arma de destrucción masiva y fue lo que acabó ganando la guerra. y esto hay que repetirlo y no olvidarlo: ahí también hubo un genocidio: en rwanda fue con machetes, en armenia fue con desplazados y fusilados, en alemania y europa fue con cámaras de gas, en argentina y en chile fue con desaparecidos, en guatemala fue incendiando poblados, en bosnia-herzegovina fue con balas, en camboya fue con campos de concentración, en biafra fue con hambre. nuestro triste siglo xx.

la novela se publicó en 2006 en inglés y en español en 2007, la edición que tengo es del 2017, publicada por literatura random mondadori, con un prólogo de lina meruane, la traducción es de laura rins calahorra. de chimamanda ngozi adichie he leído antes “americanah” (2013), una maravillosa novela sobre la identidad y el lenguaje (y la memoria también) y he escuchado muchas veces la ted talk “el peligro de una sola historia” que es de esas cosas importantes que uno encuentra en la vida.



viernes, 28 de abril de 2017

uno agradece vidas tan luminosas, querido jorge

para Magda y Sebs

***
hoy el día era feliz, y aún lo es. anoche leí versos de arseny tarkovsky y hablé de viajes. un disco de gorillaz esperaba a ser escuchado, se iban resolviendo las cosas, hubo chilaquiles en la mañana y café. vi a mis hermanas. ahora hay agua y mezcal y por fin suena gorillaz, audífonos puestos, volumen alto. hoy roberto bolaño hubiera cumplido 64 años. a medio día vi que mi querido amigo ernesto reséndiz oikión escribió que había fallecido jorge lópez páez. y la tristeza apareció, se sentó en la sala. ernesto escribió una nota hermosa y termina diciendo:

"Uno agradece vidas tan luminosas y generosas. Gracias, don Jorge."

y sí. la noticia se fue confirmando por todos lados.


nació en huatusco, veracruz, en 1922. vivió 94 años, me atrevería a decir que las vivió pleno y feliz, amó y fue amado. escribió. vivió de escribir novelas y cuentos. fue un enorme de nuestras letras: nuestras. las mexicanas y las letras lgbt. escribió el cuento “doña herlinda y su hijo” (1980), “silenciosa sirena” (1988), “los cerros azules” (1993), “¡a huevo, kuala lumpur!” (2012, [que tiene uno de los momentos homoeróticos más increíbles de la literatura nacional y que lo tengo dedicado de su puño y letra]).

a jorge le debo muchas cosas en mi vida, mucho aprendizaje. fue mi primera referencia de una persona homosexual, que salía a cenar acompañado con su pareja y veía a sus amigos que lo querían, lo admiraban y reían con él. era increíblemente inteligente, de una plática luminosa de verdad, una increíble biblioteca de información literaria, cultural y de méxico. y le gustaba comer y lo disfrutaba enormemente. se reía con todo él. una de las risas más plenas que he escuchado en mi vida. era travieso, se le iluminaba el rostro si encontraba una víctima para molestar. toda mi infancia, adolescencia y adultez temprana aprendí de él y lo admiré mucho. en su casa descubrí la pintura de juan soriano y escuché a alí chumacero llenar la noche de versos e inteligencia. jorge escuchaba siempre. siempre tuvo palabras de aliento y me preguntaba “mauricio, ¿ahora qué estás leyendo?”. siempre le hablé de poetas y me preguntaba, me recomendaba autores jóvenes. fue una guía para entender y leer mejor a los contemporáneos. nunca supe si le gustaba ginsberg o no, pero era recurrente en nuestra conversación. 

nunca le mostré mis textos.

siempre le agradeceré sus palabras, su presencia y haberme enseñado, existiendo, que se podía ser gay y estar con los amigos, comiendo, bebiendo, riendo, hablando.

pero hay algo que nunca podré olvidar, la última vez que lo vi, en un día muy triste, me preguntó como siempre que andaba leyendo y le hablé de mi interés por ir leyendo los clásicos. me dijo: “tienes que leer “lolita” de nabokov. no lo dudes. cómprala ya. vas a ver, te va a encantar”. nunca le agradecí en persona, nunca podré dejar de agradecerle eso. leer (y empezar a leer) “lolita” fue uno de mis momentos más importantes en mi relación con los libros y la escritura, uno de esos momentos antes-después.


creo que jorge vivió muy pleno. sus 94 años fueron toda una vida. ¿qué habrá pensado el jovencito veracruzano de huatusco de esta ciudad de méxico tan maravillosamente diferente ahora? ¿de tanta libertad? ¿de tanta alegría en la diferencia? ¿de tanta disidencia y libertad en lo sexual? gracias jorge, por todo, por haberte conocido. 

jueves, 6 de abril de 2017

20 años de conocerte querido allen

 “When I die
I don’t care what happens to my body
throw ashes in the air, scatter’em in East River
bury an urn in Elizabeth New Jersey, B’nai Israel Cemetery
But I want a big funeral”

Allen Ginsberg (“Death & Fame”)

***
conocí la voz y la presencia de allen ginsberg hace 20 años. 6 de abril de 1997. un día antes murió en nueva york, cerca de peter orlovsky y cerca de patti smith. el mundo era otro y yo era otro (el mismo, pero otro). estaba lejos de casa y escuché su voz en la televisión, lo vi leer alguno de sus poemas de largo aliento en una lectura en el royal albert hall. esa noche supe que allen había existido & esa noche mi manera de entender/vivir la poesía cambió. llevo 20 años con allen ginsberg como compañero de viaje. forma parte de mis alegrías y celebraciones. guardo flores y hojas secas entre sus libros. subrayo y doblo hojas. hablo de él de vez en cuando. pienso en él y en su voz muy frecuentemente.



el último texto que escribió fue “things i’ll not do (nostalgias)” y está fechado en la madrugada del 30 de marzo. la traducción del poema es mía y la comparto otra vez. anoche en casa, lo leí en voz alta (mi copia del libro tiene flores de jacaranda secas entre esas dos páginas), porque es necesario leer a ginsberg aquí & ahora & hoy & en estos tiempos & pensar en su voz que tanto cambiaba el mundo & que tanto decía de lo que le inquietaba & quemaba, lo leí anoche para mí mismo porque era necesario enunciarlo en voz alta.

***
Cosas que no haré (Nostalgias)

Nunca iré a Bulgaria, tenía un folleto & una invitación
Tampoco Albania, invitado el año pasado, en privado por estafadores de la Lotería o
alcohólicos en recuperación,
O poetas iluminados de la antigua tierra de las puertas del Hades
Ni visitaré Lhasa ni viviré en el Hilton ni en la casa de Ngawang Gelek  ni subiré
fatigado al Potala
No regresaré jamás a Kashi “la ciudad más antigua habitada sin interrupción del mundo”
ni bañarme en el Ganges ni sentarme de nuevo en las escalinatas de Manikarnika ghat con Peter,
ni visitaré otra vez a Lord Jagganath en Puri, no volveré a Birbhum ni tomaré
más notas más historias de Khaki Baba
O escuchar festivales de música en Madrás con Philip
O regresar a beber Chai con el vetusto Sunil & los jóvenes poetas del café,
Atar mi cabeza a un ladrillo en el escondite de opio del Barrio Chino, pasar por el Moslem
Hotel, su azotea en Tinsmith Street en Choudui Chowh Nimtallah,
Quemar la tierra o fumar ganja en el Hooghly
Ni los callejones del Fez de Achmed, nunca más beberé té de menta en Soco
Chico, ni visitaré a Paul B. en Tánger
Ni veré a la Esfinge en Soledad al Amanecer ni al atardecer, madrugada o crespúsculo en el
desierto
Ni a Beirut vieja y colapsada, la tristemente bombardeada Babilonia & Ur del tiempo, los misterios
desagradables de Siria todo el desierto de Arabia y Saudí, la gente enérgica de
Yemen,
Ni el viejo Afganistán tribal de opio, el clima tibetano de Beluchistán
No veré Shanghái otra vez, ni las cuevas de Dunhuang
No subiré de nuevo por las escaleras de la E.12th Street,
No iré a la Argentina literaria, ni acompañaré a Glass a Sao Paulo ni viviré un
mes en un departamento, las playas y los chicos de las favelas de Río, el gran carnaval de
Bahía
No más sueños despiertos de Bali, el festival de Adelaide demasiado lejos para conseguir nuevas
canciones
No veré los nuevos caseríos pobres de Yakarta, los misteriosos bosques de Borneo ni sus hombres ni
sus mujeres pintados
No más Sunset Boulevard, Melrose Avenue, Oz en Ocean Way
Ni el viejo primo Danny Leegant, ni los recuerdos de la Tía Edith en Santa Mónica
No más dulces veranos con amantes, enseñando Blake en Naropa,
Ni Escribir Eslóganes Mentales, nuevas Poéticas modernas Norteamericanas, Williams
Kerouac Reznikoff Rakosi Corso Creeley Orlovsky
Cualquier visita al cementerio B’nai Israel a las tumbas de Buba, la Tía Rose, Harry Meltzer y
Tía Clara, Padre Louis
No la haré yo si no es en una urna de cenizas

Allen Ginsberg

Marzo 30, 1997 a.m.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

el tiempo y su materia (7)

[¿qué quedará de estos días? ¿qué quedará de la memoria? ¿cómo nos construimos desde el desasosiego y el silencio?



devoro las últimas páginas de “los recuerdos del porvenir” (1963) de elena garro que me fascinó & entristeció simultáneamente, lo termino antes de medianoche (“mau: hay que leer a la garro”, me hago una nota mental y volveremos sobre sus letras pronto), me duró pocos días. sigo sin escribir sobre leonard cohen y su ausencia. pienso en simon & garfunkel y su “i am a rock” (1965) cuando leo esta frase de la garro:

su voz se había deshabitado.

diciembre empieza en unos minutos y pareciera absurdo (volver a) escuchar “i am a rock” (una vez más) porque todavía no es invierno, ni hay un diciembre obscuro y profundo, pero la novela habla de las piedras y de lo que queda y la memoria y, siempre:

i am a rock
i am an island

sábado, 26 de noviembre de 2016

el tiempo y su materia (6)



[este tiempo ¿es tangible? ¿qué quedará de estos días? ¿cómo vamos a contar esta historia? ¿habrá alguien que escuche cuando en unos años hablemos de lo que sucedió en el 2016? ¿dónde guardamos la memoria?] en estos días de frío no puedo concentrarme y la novela de lezama lima simplemente no la puedo acabar de leer, pero tomé “los recuerdos del porvenir” de elena garro y sentí una bocanada de aire fresco (y habla de la memoria, desde la memoria, veamos a dónde nos lleva). los pies helados. una canción de perfume genius viene y vuelve, “dark parts”:

the hands of god were bigger than grandpa’s eyes
but sill he broke the elastic on your waist
but he’ll never break you, baby
but he’ll never break you baby

bebo café y té negro con miel en las noches. camino cansado. me hace feliz encontrar libros de poesía y volver a los mismos versos que me han hecho temblar. murió leonard cohen y no he escrito sobre ello pero escucho “chelsea hotel nº2” y me lleno de luz. el mundo que conocíamos construido con tanto siglo xx se viene abajo. los amigos se mudan a yucatán. en la madrugada se supo que había muerto fidel castro y terminaba un capítulo de la historia, de la gran historia, la isla caribeña que hizo algo que nadie había hecho: decir no. la alegría es un pan recién horneado y el calor en las cobijas. miro las nubes. atardece y amanece todos los días, es lo único que tenemos seguro. hay hojas secas en las calles en la ciudad de méxico. vuelvo a escuchar la misma canción:

i will take the dark part
of your heart into my heart