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viernes, 26 de marzo de 2021

discos, despedidas, decisiones



“I'm a two hundred pound octopus under a sheet

Dancing round your world with my hands and feet

And this much I know to be true

Yeah, this much I know to be true

And this much I know to be true

Yeah, this much I know to be true

This morning is amazing and so are you”

Nick Cave

 

 

en marzo de 1997 escuchaba por primeras veces el disco “the boatman’s call” de nick cave & the bad seeds. ese disco acababa de aparecer el día 3 y yo estaba muy lejos de casa, hacía mucho frío, hacía mucha hambre, llovía, estaba algo roto (bastante). ese disco fue bocanada de aire fresco, compañía silenciosa durante las tristezas de esos días, se volvió parte de mí, de mi historia.

 

en octubre de 2019 escuchaba por primeras veces el disco “ghosteen” de nick cave & the bad seeds. ese disco acababa de aparecer el día 3 y yo estaba, de nuevo, muy lejos de casa pero al mismo tiempo en casa. pero era diferente, era otro lugar, otra geografía, otro todo: hacía un calor inmenso, la luz era un espectáculo, la ciudad era ruidosa y de nuevo estaba algo roto (bastante, mucho). ese nuevo disco de la misma banda, tantos años después, fue bocanada de aire fresco, compañía silenciosa durante las tristezas y las alegrías y la conciencia de esos días. caminando, escuchando, paladeando las palabras y la música me daba cuenta que los dos discos habían estado en el momento de tomar decisiones importantes. ambos discos me acompañaron en momentos de decidir antes y después.

 

en marzo de 2021 llegó a mis oídos el disco “carnage” de nick cave & warren ellis. Este otro disco apareció el 25 de febrero y, una vez más, estoy muy lejos de casa pero en casa. y es diferente, es otro lugar, otra geografía, otro todo: el calor es infame, el horizonte se llena de montañas, aprendo cosas de mí mismo y de mi cuerpo, hay silencios, creo que me conozco un poco mejor y, cosa curiosa, ahora no estoy roto, a pesar de las grietas por donde a veces entra la luz. estoy donde debo de estar. este nuevo disco de dos músicos que forman parte de la maravilla que es ese grupo, es una bocanada de aire fresco, es compañía silenciosa durante las alegrías y las dudas, la incertidumbre pandémica, los caminos abiertos y los caminos cerrados, la conciencia de estos días. caminando, escuchando, viendo el tiempo, lidiando con la gravedad de este lugar, paladeando las palabras y la música me doy un poco de ternura descubrir que de nuevo me acompañan en estos días de enunciar, de pensar, de imaginar un mundo posible. un disco que está acompañándome en este aquí, este ahora, en el hermoso juego de los antes y después.

 

enormes discos. me maravillan y me dan escalofríos. agradezco las felices coincidencias y las compañías.



domingo, 2 de agosto de 2020

los suburbios, hace diez años

 “i need the darkness, someone please cut the lights

The Arcade Fire

 

***

2 de agosto. 2020. de nuevo, si, de nuevo, vuelvo sobre este disco, “the suburbs” de the arcade fire que hoy cumple 10 años de haber aparecido. casi 10 años escuchándolo. mucho & muchas veces & siempre. hoy lo escuché tres veces, de principio a fin (sin la canción que odio, es un disco perfecto porque hasta tiene un error).

 

foto: diego ruiz
foto: diego ruiz


en 2018, escribí que escribí en este blog en octubre del 2013:

 

en agosto del 2010 caía en mis manos el disco “the suburbs” de los canadienses de the arcade fire. ese disco me ha estado acompañando desde entonces. lo escucho una y otra vez y me sigue sorprendiendo. me conmueve, me emociona, me eriza la piel. lo escucho desde hace tres años una y otra vez.

 

una y otra vez. ¡qué poder extraño reside en ese una y otra vez!

 

escribí en 2018 que escribí en 2013: “todo esto sigue ahí: la sensación de sorpresa, de maravilla, de emoción, escucharlo una y otra vez, de entender que en las 15 canciones que me gustan (de las 16 canciones del disco) sigue resonando eso que soy y todo el elemento de la nostalgia que está ahí convertido en canciones”. escribí que escribí:

 

la línea musical y narrativa de “the suburbs” cuenta una historia con la que me identifico: de pronto uno avanza en la vida y mira hacia atrás. atrás está uno mismo (adolescente o adulto temprano) en la que de verdad el mundo daba mucho miedo y nada podía detenerme, que había sombras acechando, que si uno se detenía y no salía corriendo las sombras ganarían todas las batallas y uno puede ver que el tiempo pasa y que atrás quedó el tiempo en que, aunque se tenía miedo, se estaba bien y que realmente no pasaba nada, no se jugaba uno la vida, pero era entonces, en esa ansia de vida, que se cometerían los actos que trazarían el camino de la vida. estoy aquí, ahora, aquí y ahora, por todo lo que fui entonces, por lo que hice, por lo que dije, por mis torpes batallas y sus derrotas, porque en esos años aprendí a nombrar las cosas que para mí eran importantes.

 

diez años después, aquí & ahora, nunca mejor dicho, aquí & ahora, sigo escuchándolo. wow.

 

bum. ¡BUM! diría aquel (en realidad diría ¡BUM! pero bueno)

 

si, una y otra vez. sin duda ya no soy el mismo: aprendo & me equivoco, me sigo conociendo, le escribo cartas a una ciudad que tiene un horizonte plagado de estrellas o luciérnagas, habito sin habitar una casa donde desde una ventanita puedo mirar las montañas, mi centro gravitacional se mudó al sur, ahora camino las calles y las laderas oaxaqueñas, mi lenguaje cambió, ahora me sé finito, ahora entiendo que este disco es parte de mi banda sonora & forma parte de mi propia mitología personal. el que soy hoy, en 2020, no es el mismo de 2010, muchas cosas se me rompieron en las manos, también me rompí por dentro y me reconstruyo. mis libros no están conmigo pero: sigo pensando qué haré cuando sea grande, sigo usando tinta negra, me sigue maravillando el paisaje en la carretera, miro las nubes obsesivamente, escucho, leo. sigo. soy más viejo y menos sabio, pero más feliz, más pleno, pese a todo y gracias a todo. el mundo todavía me da mucho miedo y aún así avanzo, aunque haya sombras acechando, no me detengo. aunque me agote, aunque haya que caminar unos últimos 200 pasos. aunque el miedo está ahí, avanzo. escribí: “(increíblemente/impresionantemente) lento, pero avanzo”. por todo & por tanto, avanzo.



domingo, 19 de julio de 2020

10 años al aire, 10 años hablando


esta es una forma que elijo para usar la palabra & la memoria para celebrar diez años al aire: diez viñetas.

a la manera de margo glantz y de roberto bolaño que a sus veces lo hicieron a la manera de georges perec, quien a su vez... un hilo conductor, una madeja de memorias.


me acuerdo que hace 10 años:

me acuerdo que hace 10 años era lunes, eran las 4pm y transmitía por primera vez la palabra feroz, asustado y confundido, equivocándome, riéndome, hablando en plural. me acuerdo que no sabía dónde estaría parado dentro de 10 años. me acuerdo que no estaba seguro si tendría algo que decir.

me acuerdo que hace 10 años estaba bastante roto y asustado, que me reconstruí mientras hablaba de libros y poesía, que me rompí de nuevo, que me hice pedacitos, que estoy construyéndome ahora. me acuerdo que tenía una silla negra pequeñita, algunas plantas y un imán que me gustaba mucho en el refrigerador.

me acuerdo que hace 10 años no imaginaba tener que vociferar para defender derechos y cultura, espacios  independientes, la diversidad, la otredad, el derecho a respirar.

me acuerdo que hace 10 años todavía vivían lükitas, anne, marjorie, juan gelman, leonard cohen. sergio loo también estaba vivo pero ni sabía que escribía ni que existía. marielle franco vivía, eric garner respiraba.

me acuerdo que hace 10 años no había leído a margo glantz ni a maría mercedes carranza ni a luis felipe fabre ni a georges perec ni a césar cañedo. no había leído aún “los detectives salvajes” de bolaño, ni “el quijote” de cervantes ni “moby dick” de melville ni la epopeya de gilgamesh de misteriosos babilonios ni “dub-sar” de nérvinson machado. no había leído a siri hustvedt ni “el día que me vaya no se lo diré a nadie” de kiko amat.

me acuerdo que hace 10 años no hubiera podido responder la pregunta “¿quién es tu poeta mujer favorita?” y que hoy puedo responder y tengo muchas opciones.

me acuerdo que hace 10 años no conocía colombia ni siquiera me imaginaba visitarla. no conocía medellín ni sabía ni se me ocurría que la amaría locamente y que le escribiría cartas a una ciudad recordando el sonido de la gente que vende aguacates. no había visto nunca un guayacán.

me acuerdo que hace 10 años no imaginaba que con la palabra se podía cocinar, tejer, construir, mostrar un mapa, levantar puentes, bailar, tatuar, mirar, curar. no sabía, pero lo intuía, que la palabra venía en múltiples presentaciones y que se volvía poderosa al compartirla. sabía que la palabra salía pero que también regresaba.

me acuerdo que hace 10 años no conocía el disco “the suburbs” de the arcade fire. tampoco sabía que en unas semanas nos encontraríamos por vez primera, ni sabía que estaba en el otro laberinto, el del tiempo: esperándome. no existía aún “vulnicura” de björk pero ya se estaba gestando.

me acuerdo que hace 10 años creía que otro mundo era posible, que todavía lo creo.

(gracias por escuchar: gracias por tanto & por todo)



lunes, 8 de julio de 2019

releer tokio blues


“Todos somos personas que nos hemos doblado en algún punto, que nos
hemos torcido, que no hemos podido manteneros a flote y nos hemos
hundido deprisa. Yo, Kizuki, Reiko. A todos nos ha ocurrido lo mismo.
¿Por qué no te gusta la gente corriente?”
Haruki Murakami


***
lo primero que leí de haruki murakami (kioto, 1949) fue “tokio blues” (1987). lo leí en noviembre del 2008. recuerdo que fue un momento muy importante, un definitivo momento antes-después: el libro me duró poco tiempo, lo devoré, me encantó, tenía ante mí a un autor desconocido del que algunos amigos me habían hablado y me habían regalado algunos libros. acababa de regresar de mi viaje a japón. de ese primer libro, casi once años después: no recordaba casi nada.


recordaba que: es el menos fantasioso de los libros de murakami, que hay una historia de amor inconclusa, que watanabe logra transmitir una sensación de adormecimiento ante lo que le sucede con naoko, que había un bosque. recordaba que era un libro triste pero no recordaba qué tan triste. recordaba que había música pero no que había libros. no recordaba a midori y sus chantajes y caprichos ni sus mini-minifaldas, no recordaba a reiko y sus arrugas, no recordaba a nagasawa, ni a hatsumi, ni a kizuki. recordaba que era una historia entre dos personajes. recordaba que no había seres imaginarios ni cambios en la percepción de la realidad. no recordaba que a naoko le costara trabajo hablar. no recordaba que hubieran tantas cartas, que se escribieron y que se leyeron y que se quemaron. los personajes escriben cartas y esperan respuestas, el correo funciona, se describen por dentro y saben acercarse a los otros o guardar silencio. no recordaba que fuera una novela de personas que se hubieran doblado por dentro, que no supieran elegir las palabras. después de devorar esta novela, no dejé pasar ni un día y entré en otras novelas de murakami que me enloquecieron porque entendí ese misterio murakamiesco del desdoblamiento de la realidad: “kafka en la orilla” (2002) y “crónica del pájaro que da vuelta al mundo” (1995). no recordaba que no había subrayado ningún párrafo.

en “tokio blues” si aparecen los temas y referencias que uno encuentra en murakami: gatos, gente que bebe alcohol y bebe café, cosas que se comen en casa, gente que se traslada en tren, la música que escuchan los personajes, la rutina, los encuentros con personas que cambian la vida, la tensión sexual, pero no hay dimensiones paralelas, monstruos, entidades, misterios a descubrir para salvar una vida. creo que es la novela más triste del escritor japonés, el personaje watanabe se hunde en tristeza y eso se transmite increíblemente.

de alguna manera, ya conociendo casi toda la obra de murakami traducida al español, lo que le sucede a naoko si es un desdoblamiento de su realidad: por dentro ella no está en el mundo real, mientras que watanabe sigue en la misma dimensión de siempre. para naoko el mundo se fractura y lo que percibe la llena de sombras, la imposibilita a moverse, la obliga a guardar silencio. el viaje que hace watanabe me recuerda a lo que hace el personaje de “la muerte del comendador” (2017) antes de llegar a la casa donde sucederá todo. no hay una lucha épica para restablecer la normalidad.


algunas cosas que suceden: la música detona recuerdos y construye la memoria, se habla de los beatles, de la música folk estadounidense, de bach y mozart, de radios y de aparatos reproductores de discos; se habla de la novela “el gran gatsby” (1925) de f. scott fitzgerald que es la novela favorita del escritor, se habla de escritores y de filosofía, todos leen y hay librerías, libros y bibliotecas; los personajes hablan y comparten ideas pero también se sienten cómodos compartiendo el silencio juntos, en esta novela el silencio habla también, tanto en la relación entre naoko y watanabe, como lo que sucede entre midori y watanabe; ya lo escribí antes, en esta novela se escriben muchas cartas; se habla del destino, son personajes que no tendrían que encontrarse pero se encuentran, un gesto, un diálogo, un amigo en común y se hunden en la madeja del tiempo; se habla del sexo gozoso y de cierta incomodidad del sexo casual, se habla de semen y de penetración, se habla de pornografía y sadomasoquismo, de fantasías, de cosas de las que hablamos cuando tenemos relaciones sexuales pero que no hablamos con otros; se habla de las promesas, de lo que se dice en voz alta y queda suspendido en el aire como un compromiso, se habla también de la libertad, de elegir el lugar donde queremos estar o si ha llegado el momento de irse; se habla de que la alegría hace que los personajes se muevan: “Estábamos vivos y teníamos que preocuparnos por seguir viviendo.”; se habla de la vida, aunque la vida y la muerte sean parte de un mismo proceso.

escribe murakami: “Tal como te dije antes, hay que tener paciencia. Ir desenredando la madeja, hilo a hilo, sin perder la esperanza. Por más negra que esté la situación, el hilo principal existe, sin duda. Cuando uno está rodeado de tinieblas, la única alternativa es permanecer inmóvil hasta que sus ojos se acostumbren a la oscuridad.”

ahora, tras la relectura, once años después, mi libro está bastante subrayado. Releer siempre será una sorpresa, uno vuelve a visitar el libro pero también uno vuelve a visitarse a uno mismo, es una de las maneras de la construcción de la memoria.

me gusta y me sorprende y me intriga también que el libro inicie con la frase: “Para muchas festividades”.

(mi copia del libro es la edición de tusquets del 2005, traducción del japonés de lourdes porta)

(hay una película que no he visto, es del 2010 y la dirigió el increíble director vietnamita tran anh hung. me da miedo ver en cine una adaptación de un libro que disfruté y que habla de lo que sucede dentro de uno)

(las ilustraciones son de rut pedreño criado, @aidunnou, y las tomé de este link: https://www.domestika.org/es/projects/438633-tokio-blues)

sábado, 17 de noviembre de 2018

soñar el sueño de toda célula: saberse en compañía


"Que recolectar hojas y reconocer árboles es una forma
hermosa de resistir: devenir sueño de células: dibujarlas y
respirar."
Maricela Guerrero


leer poesía a finales del 2018. si, 2018: el año en que un innombrable volvió al poder en colombia con lo que iniciaron los recortes a la universidad pública y el incremento en gasto para armamento; cuando en brasil se eligió a un candidato abiertamente fascista, misógino, racista, homófobo y que niega el calentamiento global para dirigir un país multidiverso; cuando en méxico hay una abierta preocupación xenófoba de parte de la población contra la caravana migrante de centroamericanos con argumentos que seguramente harán sentir orgulloso al presidente trump de ver cómo podemos ser como él; cuando el número de feminicidios aumento; 2018 y todavía tenemos que salir a las calles a pedir derechos. leer poesía, ¿para qué?


pero. si. leer poesía para decir no. en el libro el sueño de toda célula de maricela guerrero (méxico, 1977), ediciones antílope, sucede algo maravilloso: nos habla del placer gozoso de hacer resistencia. el libro ganó el premio clemencia isaura de poesía 2018 que otorga el instituto de cultura de mazatlán, sinaloa, méxico. la edición muestra el sello característico de amor por el objeto impreso de esta editorial. toda su hermosura inicia al abrir el libro.

desde el lenguaje y la lengua, la que se enuncia, la que llevamos en la boca, a través de pequeños actos: hacer resistencia. maricela guererro comienza hablando de una profesora, la recuerda y la enuncia, este acto tan mexicano de recordar el pasado y las personas que fueron relevantes, recuerda a la maestra olmedo y nos comparte su voz, las cosas que decía y cómo las decía, nos comparte cómo sucede la maravilla de tener una profesora o profesor que logra abrir los ojos de un grupo de alumnos (en este caso, sólo alumnas porque no era un colegio mixto) y cómo sucede entonces el placer de detenerse a recolectar hojas y reconocer árboles y usar el tiempo y las voces para detenerse y ser más persona. no mejor: más, menos un sujeto alienado a las necesidades del mercado, del capitalismo, del patriarcado.

a partir de recolectar hojas y reconocer árboles suceden cosas: se reconoce el derecho al agua de comunidades indígenas, el derecho a usar un idioma, la maravilla de saber la distancia y el tiempo en la que está una persona que se quiere ver. se reconoce el derecho a defender un árbol ante un esquema utilitario que lo quiere hacer papel o muebles o casas o dinero. pero defender un árbol es defenderse a sí mismo. es decir en voz alta “no pasarán”. es decirlo a pesar de que sabemos que probablemente pasen como han pasado infinidad de veces pero decirlo nos vuelve parte de la resistencia.

escribe maricela guerrero:

Preguntas

¿Escribimos poemas para preservar la especie?
Escribimos poemas y trazamos rutas para
transmitir una información que muestre cómo
seguir la vocación de alegría:
luciérnagas
bacterias luminosas

Echarse al lomo de la loba bosque arriba.

Detener es otra forma de fluir.

¿de dónde vienen las palabras? ¿cómo enunciamos el mundo? ¿cómo nos decimos que estamos aquí? ¿cómo nombramos lo importante? ¿quiénes estarán con nosotros cuando haya que despertar de o enfrentar la pesadilla? estas parecieran algunas de las preocupaciones detrás de los verdes versos. es un libro de árboles, de enseñanzas, de lobos que corren, de enfermedades, del hambre, de la defensa del agua, de hechos, de combustiones, de sueños, de células, de palabras con las que se construye. es un libro de construir comunidad: “el sueño de toda célula es devenir células, y millones de ellas participan de esta: nuestra respiración”. “Soltemos la idea de que estamos solos”. escribe maricela guerrero:

Estoy aquí hablando en lo que tengo porque
respirar contigo es una transformación que produce
aliento.

este es un libro hermoso. brutalmente hermoso: leerlo genera eso que han de sentir las luciérnagas cuando se encienden. nos enseña una enorme lección: ahora, hoy, aquí, en estos días, en cada uno de nuestros territorios: leer poesía, reír, darse tiempo para lo gozoso, recolectar hojas o piedritas, preparar una taza de café para beberla a solas (o en compañía) pero sin prisa alguna, ver llover, cocinar con los amigos, caminar sin rumbo o propósito, acariciar un gato, recordar, oler una mandarina antes de comerla, hablar de lo diverso en el cuerpo y el lenguaje, disfrutar una palabra en el paladar: son hermosas formas de construir resistencia. y en eso estamos. eso hacemos. la revolución de las cosas pequeñas.



lunes, 3 de septiembre de 2018

200 años al fuego


en un día de noticias felices, la tristeza & el horror.

no soy brasileño, no tengo familia allá. es más, nunca he viajado a brasil. no conozco río de janeiro y no sé si algún día lo haré, nunca he caminado por la avenida atlântica, ni bebido café en la confeitaria colombo ni he visto los edificios de niemeyer en brasilia. no he ido nunca a pelotas, brasil, ni a uberlândia ni a manaus. mi cercanía con brasil tiene que ver con la poesía, con las cosas que sucedieron alrededor del modernismo en 1922 en la semana de arte moderna y lo que vendría después y hasta ahora. en mi biblioteca las letras brasileñas que hacen poesía tienen su lugar privilegiado.

el fuego de anoche me parece doloroso. el incendio de anoche que acabó con el museo nacional, con toda la colección, con el edificio, con 200 años de documentar la historia brasileña me parece inmensamente trágico y triste y me da rabia.


paula abramo, poeta, traductora, amiga, escribió en su facebook:

los perezosos gigantes las momias egipcias el dino-prata el cráneo de luzia los frisos imperiales las urnas tupi-guaraníes los frescos las insignias de la corte las mariposas las ánforas de pompeya la afrodita vanidosa en la cratera los sepulcros incas los anzuelos y conchas de los sambaquis el palacio del emperador los penachos vestigios de miles de años lo poco que no se había perdido de culturas exterminadas doscientos años de historia se borraron veinte millones de piezas vestigios de miles de años se perdieron esfumaron redujeron a cenizas doscientos años de historia natural y arqueología ardieron se acabaron para siempre en unas horas porque los que podían decidir decidieron que no había que cuidarlos

brasil es una herida en una herida

todo esto es cierto, todo esto perdimos. lo perdió brasil, lo perdemos todos.


ricardo domeneck, poeta, novelista, brasileño, escribió: 

Que tragédia. Que tristeza acachapante. O museu havia               completado 200 anos há poucos meses.
Parabéns, ministros da Cultura de Michel Temer, Dilma Rousseff, Luiz Inácio Lula da Silva, Fernando Henrique Cardoso e ignóbil etc.
Sugiro recolhermos as cinzas para uma exposição na Arena das Dunas, na Arena Pantanal ou no Estádio Nacional de Brasília, rebatizando qualquer um destes elefantes brancos de ‘Novo Museu Nacional’.

todo esto es cierto. todo esto debería ser un recordatorio: que las cenizas del museo no se vayan, que queden como muestra del liberalismo y de la negligencia estatal que recorta presupuesto a las universidades y la cultura y los museos (y los hospitales y las escuelas y todo lo que signifique humanidad, todo lo que dignifique).


américo afonso, fotógrafo, portugués, escribió en su instagram:

o fogo destrói a mais antiga Instituição Científica do BRASIL, mandada construir por D. João VI. 200 anos de arquivos vários, importantes para o Brasil, para Portuga, para o Mundo.


en la página de facebook de museos solo museos publicaron fotos de lo que quedó y escriben:

El Museo Nacional enfrentaba restricciones de recursos. Afirman que las pérdidas son irrecuperables. El incendio borró 200 años de historia de Brasil. En junio último había cumplido, precisamente, dos siglos. La tristeza y amargura ha invadido a estudiantes, profesores e intelectuales que, afirman, no hay como recuperar ese acervo de 22 millones de piezas y documentos que contenía a la joven Luzia, cuyo esqueleto tenía 12.000 años de antigüedad. Una joya de la arqueología brasileña encontrada en Minas Gerais.

El palacio fue la sede de la casa real brasileña. Para el rector de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Roberto Leher, “es obvio que la forma del combate al fuego no guardó proporción con tamaño incendio. Percibimos claramente que faltó logística y capacidad de infraestructura del Cuerpo de Bomberos para dar cuenta de un acontecimiento tan devastador”.

la nota cierra con este texto:

Las voces de la cultura brasilera se levantan para decir: “Es una negligencia criminal con la cultura, la historia, el pasado y, también el futuro. La destrucción del Museo Nacional es, también, la aniquilación de parte de la civilización brasileña”.

Y desde ese lugar “asume una dimensión simbólica siniestra en este momento en que Brasil parece disolverse en nuestras manos”.

sobran las palabras. para rescatar 200 años de historia del fuego, no sirven las palabras. servirán para denunciar, enunciar, recordar: que no se repita, nunca.


óscar de pablo, poeta, escribió en su twitter:

La tragedia mayor no fue el incendio de la biblioteca de Alejandría, sino la decadencia intelectual que hizo posible ese incendio.

llevamos años viviendo en estos extraños tiempos de resistencia. ¿quién diría que exigir a los estados preservar los museos sería una batalla que tendríamos que librar?


sábado, 23 de junio de 2018

construir con la memoria


 “No se permitiría pensar en quién quedaba y quién no.”
Chimamanda Ngozi Adichie

***
esta mañana terminé de leer la novela “medio sol amarillo” de la nigeriana chimamanda ngozi adichie. pensé mucho en el tema de la memoria: cómo las palabras nos sirven para enunciar lo que somos, lo que fueron nuestras historias, las personales, las otras, más épicas, y como al nombrar las cosas, para no olvidar, estamos construyendo futuro.


es una novela de ficción que chimamanda ngozi adichie construye con las historias de su propia familia: con lo que le contaron sus padres y sus tíos, con las historias que sus dos abuelas le contaron del porqué los dos abuelos no regresaron. con palabras y con ficción construye memoria. la novela habla de un episodio histórico del que, al menos en méxico, se ignora: la guerra de biafra, cuando la región oriental de una muy nueva república nigeriana se separó del resto del país en 1967 y por ello fue devastada.



la novela usa los hechos históricos, los años sesenta, para contar la historia de dos hermanas, un profesor universitario, un joven adolescente, los amigos y los familiares, los poblados y ciudades donde vivían y de un británico blanco, enamorado de la cultura de la región, de una de las hermanas y de la nueva república. cuenta también como las hermanas viven dueñas de su propia vida, lo cual es una de las características de la literatura de chimamanda ngozi adichie: a estas dos mujeres, olanna y kainene, nadie les dice cómo deben de vivir su vida, su sexualidad, su tiempo. son mujeres poderosas, son mujeres que tienen voz. es, sobre todo, una novela de seres humanos sobreviviendo, soñando, cayendo, recuperándose, hambrientos, enamorados, asustados, confundidos, engañados, sucios, abandonados, rotos, heridos, aprendiendo. hay 8 fragmentos que corresponden a la novela ficticia que está escribiendo richard, el británico, “el mundo guardó silencio cuando morimos”, donde se describen episodios reales de la guerra de biafra: qué brutales podemos ser. en los agradecimientos al final de la novela, chimamanda escribe:

“Para que nunca olvidemos.”

en este episodio de la humanidad (que, por supuesto tiene que ver con la incapacidad de ver al otro y de entender y tolerar y que, por supuesto, tiene que ver en la manera en que el imperio británico, al igual que otras naciones europeas, determinó fronteras de países de manera caprichosa para lograr controlar mejor a las poblaciones ocupadas y que hoy, por ejemplo, tienen al medio oriente ensangrentado) hay un elemento brutal y que me deja pensando. ambas naciones, nigeria (independiente desde 1960) y biafra (que se separó en 1967 y volvió a anexarse en 1970) eran naciones pobres y subdesarrolladas, naciones que empezaban a contar sus propias historias. al comenzar la guerra, ambos ejércitos son pobres, desorganizados, hambrientos. nigeria, con el aval del mundo, logra aislar a biafra, bloquea al país, bombardea y destruye la poca infraestructura, ataca a la gente de los libros y a los igbos, la tribu más numerosa de biafra. nigeria usa un arma que cuesta poco: el hambre. durante tres años el ejército nigeriano usó el hambre como arma de destrucción masiva y fue lo que acabó ganando la guerra. y esto hay que repetirlo y no olvidarlo: ahí también hubo un genocidio: en rwanda fue con machetes, en armenia fue con desplazados y fusilados, en alemania y europa fue con cámaras de gas, en argentina y en chile fue con desaparecidos, en guatemala fue incendiando poblados, en bosnia-herzegovina fue con balas, en camboya fue con campos de concentración, en biafra fue con hambre. nuestro triste siglo xx.

la novela se publicó en 2006 en inglés y en español en 2007, la edición que tengo es del 2017, publicada por literatura random mondadori, con un prólogo de lina meruane, la traducción es de laura rins calahorra. de chimamanda ngozi adichie he leído antes “americanah” (2013), una maravillosa novela sobre la identidad y el lenguaje (y la memoria también) y he escuchado muchas veces la ted talk “el peligro de una sola historia” que es de esas cosas importantes que uno encuentra en la vida.



miércoles, 9 de agosto de 2017

tadaima

(escribir es un compromiso: la palabra se queda. a veces no hay palabras, otras veces no hay ganas de tener palabras, a veces hay más sombras que palabras)


“tadaima” es una palabra japonesa que quiere decir “ahora estoy en casa”, tiene el kanji ima, que significa “ahora”. en mi cineteca en estos día de agosto pude ver (volver a ver, 22 años después) la película alemana “nadie me quiere” de doris dörrie filmada en 1994 y al día siguiente vi “greetings from fukushima” filmada en 2016 (también conocida como “fukushima, mon amour”). la de 1994 la había visto en otro tiempo y otra vida, hace tanto que mariana sánchez ya no la recuerda ni sabe de qué le hablaba, la memoria tiene naufragios y se pierden libros y películas ahí, pero en su momento la vimos y discutimos, buscamos respuestas. 22 años después la película sigue siendo tan poderosa y vigente como entonces (eso sí, la moda y los colores de los años noventa son un horror, jajaja). “greetings from fukushima” es una poderosísima puesta en escena: una alemana (rosalie thomass en el personaje de marie) que tiene el corazón roto viaja a japón, a los albergues temporales de damnificados para hacer trabajo comunitario, pensando que ver a otros que han perdido todo le hará más fácil el trago de tristeza, pero no: en el albergue conoce a una señora japonesa (kaori momoi en el personaje de satomi), geisha, mayor que ella, quien abandona el albergue para volver a su casa, una de las pocas viviendas que no se llevó el mar durante el maremoto de 2011 y que quedó dentro de la zona de alta radiación cercana a la central nuclear de fukushima. satomi perdió vecinos, recuerdos, su última alumna, las cosas que tenía dentro de la casa. recupera unas pocas fotos, un buda roto, reconstruye desde lo poco que tiene y se sienta a beber el té: satomi le enseña a marie que cuando se bebe el té no se debe hacer otra cosa, es un momento para estar ahí y entonces, para pensar en el té, en la taza, en la textura de la taza en la mano, en el olor en como entra la bebida caliente a través de la garganta, que la experiencia sensorial debe ocuparlo todo y que uno debería estar ahí. pensar en la taza de té. o no pensar, sino sentir. marie combate sus fantasmas y los fantasmas que hay alrededor de la casa y que vienen de noche. marie y satomi se encuentran para sostenerse, avanzan. son y están, algo tan simple y tan complicado, lo mismo que les sucede (sin el elemento del deseo) a los personajes de emmanuelle riva y eiji okada en la increíble “hiroshima, mon amour” de alain resnais (1959).



doris dörrie dijo que filmó en blanco y negro para poder hacer una metáfora fílmica, pero también para hacer un homenaje y un diálogo a la película de resnais, pero también para homenajear y dialogar con los grandes maestros del cine japonés: yasujirô ozu, akira kurosawa, kenji mizoguchi, shôhei imamura y mikio naruse.

doris dörrie dijo que quiso hacer esta película para poder contar algunas de las historias de los personajes reales que vivieron el terremoto y el maremoto y la fuga de radiación de fukushima: un abad budista (que aparece en la película hablando de su historia) que dejó de sonreír, un anciano que se decía a sí mismo “no lo entiendo, no lo entiendo, no lo entiendo” durante días y horas entre las ruinas, una geisha anciana que logró enseñar su canción a algunas geishas jóvenes, un empresario japonés que al terminar de trabajar se pone una cabeza de gato en tokio.

ver cine me devuelve a casa. me devuelve a mí mismo. ver cine de gente que busca y que encuentra me hace feliz.


(hoy, hace 72 años nagasaki desapareció en el fuego atómico. nunca olvidar)