lunes, 1 de agosto de 2016

cosas que son frágiles

a maría jaime, gracias.

a la manera de sei shōnagon, cosas que son frágiles:

la luz justo antes que anochezca, la vida, las cosas que la forman, un crisantemo que se marchita, lo que sucede cuando se enuncian ciertas palabras, los secretos, el cemento debajo de un árbol, el recuerdo de una textura en los dedos, las costillas (a veces), mis tobillos, el instante en que comenzará a llover, caminar sobre el hielo, un vaso de vidrio que se cae, lo que construimos si se mueve la tierra, una fotografía si hay furia o fuego, un verso antes de despertar, la alegría, un mazapán, nuestro incierto lugar en un altar de muertos, la calma.



domingo, 10 de julio de 2016

romperse, armarse

pedro almodóvar (1949) es un gran contador de historias. te sientas en el cine y te olvidas por un rato que estás mirando una película, más bien estás metiéndote en la vida de personas a quienes hace apenas un rato no conocías.


“julieta” (2016) es su última película, el largometraje 20, inspirado en tres relatos de la canadiense alice munro  (1931, nobel 2013. en las letras de munro la desolación y los secretos y lo que no se dijo y lo que no se dice te dejan esa sensación de “numbness” tan peculiar. la adaptación fílmica logra acercarse a esas letras). escuchas la voz de la hija de julieta decir “estoy loca de dolor” y sientes el escalofrío de que te están contando cosas verdaderamente íntimas: quiénes son, de dónde vienen, lo que les duele, lo que no le cuentan a nadie más.

el personaje principal, julieta, lo interpretan increíblemente emma suárez (mayor) y adriana ugarte (joven), en los ojos de ambas está el mismo personaje y está lo que le sucede a julieta a través del tiempo, eso que le sucede pasa de los ojos de emma a los de adriana y de regreso. los vasos de agua nunca están llenos, siendo objetivos y no metafóricos, están siempre medio vacíos. hay una foto donde aparece kurosawa sonriendo y otra con chavela vargas sonriendo también y hay fotos rotas. hay cosas que se rompen, hay cosas que se arman, hay redes. hay homenajes a pinturas, a películas, a libros. hay cartas que se envían por correo. hay una manera de contar la historia usando el concreto, la arquitectura, el sol, papel tapiz, la textura de una tela, libreros y muebles, el sol entrando en una sala en madrid: a través de lo arquitectónico estamos entendiendo la historia que nos cuentan. un vestido fantástico. la movida madrileña está ahí y están los 90 y estos días del siglo xxi de los que no sabemos qué quedará. en “julieta”, el tiempo está ahí. está el deseo en miradas, en secretos, en frases que se dicen en un tren, en el mar de galicia, en una casa, en una huerta, en cómo se esculpe una escultura y en cómo se cuenta un mito antiguo, el deseo en la piel.

a “julieta” la pongo entre las grandes de almodóvar. esas películas 
redonditas y completas, ahí donde están “todo sobre mi madre” (1999), “la ley del deseo” (1987), “volver” (2006) y “mujeres al borde de un ataque de nervios” (1988). es de las películas que volveré a ver varias veces. véanla en pantalla grande, no se lo pierdan.


martes, 28 de junio de 2016

tirar piedras


¿qué habrá sentido marsha p. johnson cuando tomó una piedra y la aventó contra la policía de nueva york que, una vez más, hacía una redada contra los gays, transexuales, lesbianas y travestis que estaban esa noche del 28 de junio de 1969 en el stonewall inn? ¿se habrá asustado? ¿habrá pensado “i’ve had enough”? ¿se habrá arrepentido al ver la piedra avanzar en el aire contra los policías que, una vez más, violentaban sus cuerpos y sus sexualidades y sus tiempos y sus espacios? ¿qué habrán sentido los demás que estaban ahí, encerrados en el stonewall  inn viendo que una transexual negra decía basta aventando una piedra? ¿el miedo que sentían era menos que la furia? ¿sabían o se imaginaban que esa madrugada cambiarían su mundo y el mundo? 47 años después este es otro mundo. esa lucha, la de las libertades sexuales y el reconocimiento a las sexualidades periféricas, se ponía en pie de guerra y no hay manera de detenerla.

un testimonio del libro “stonewall: the riots that sparked the gay revolution” de david carter, publicado en 2004: “ya no íbamos a caminar sumisamente por las noches y dejar que se metieran con nosotros. […] y eso fue lo que sorprendió a la policía. había algo en el aire, libertad que hacía falta hacía mucho tiempo, e íbamos a luchar por ella. se manifestó en dos formas diferentes, pero el resultado final era que no íbamos a ceder. y no lo hicimos.”

hoy, en mi ciudad, puedo caminar con mi pareja en la calle sin miedo, puedo hablar de él en mi trabajo y darle un beso o tomarlo de la mano. hoy, los amigos heterosexuales enfurecen cuando alguien muestra su homofobia. hoy podemos exigir todos los derechos para todas las familias. hoy podemos leer a cavafis en el transporte público. falta muchísimo por hacer, pero este es un camino donde se ha avanzado mucho. ni la iglesia retrógrada, ni las voces homofóbicas, ni los violentos, ni siquiera los asesinos de gays, lesbianas, transgéneros y travestis nos van a detener. ésta es muestra vida & estos nuestros cuerpos.


gracias marsha por esa primera piedra. gracias infinitas.



lunes, 30 de mayo de 2016

el tiempo y su materia (4)

[este tiempo ¿es tangible? ¿qué quedará de estos días? ¿construimos el tiempo con lodo, con aire, con miedo, con historias que nos contamos cuando anochece?] pienso en los versos que escribió sergio loo (ciudad de méxico, 1982-2014), sabiendo que el cáncer avanzaba y que, pronto, su tiempo se acabaría. pienso en la finitud. en lo que quedará, si es que quedará algo. pienso en cómo se habrá sentido tras escribir el texto llamado “tarso” y el proceso de escritura (¿lo escribió con tinta y papel? ¿tecleó en una computadora? ¿corrigió? ¿salió a la primera? ¿creció, tachó, cambió cosas del texto?).


¿qué sintió en la garganta o en el lenguaje cuando escribió: “Ésta es mi voz. Éstos son tus oídos que escuchan mi voz.”?

¿supo que eso sobreviviría cuando escribió: “Ésta es la lejanía que siento aunque estés adentro, a un lado. Ésta es la larga lista de lo que digo para que exista.”?

¿le habrá faltado el aire al escribir: “Éste es el verbo nombrar y significa traer o hacer presente.”?



lo vuelvo a leer, mayo se acaba. afuera ya es la noche y llovió un rato. aquí, ahora, todo sigue.


(el texto “tarso” es parte del libro “operación al cuerpo enfermo” de sergio loo, ediciones acapulco, méxico, 2015, un libro verde, último de los libros-tesoro que han caído en mis manos. este libro póstumo de poesía (o prosa poética o narrativa hilada con aire o juego del lenguaje) es una verdadera maravilla: una bocanada de aire fresco, palabras que hablan de lo importante, palabras para subrayar con tinta negra)

lunes, 4 de abril de 2016

40 años del exilio argentino: construir la memoria

“Llamar a las cosas por su nombre es otro exilio.”
Juan Gelman

la Historia (con mayúsculas) se construye de muchas historias, muchas de ellas mudas o poco conocidas o que no aparecen mucho en los libros o que se pierden porque no se enuncian o que se pierden porque nadie las quiere recordar. mi ciudad y mi país están construidos de muchas historias de esas (no somos un país homogéneo, somos un país multicultural y lleno de muchos otros que llegan y se quedan, que vienen de paso y dejan sus palabras y sus costumbres, los republicanos españoles, los libaneses y sefaradíes (que apenas entendí porque llegaron), los europeos de los años 40s, los sudamericanos, la gente de otros estados de la república, en fin, ese es otro tema…); en particular me interesa hablar de una exposición que acaba de abrir y se llama “méxico: ciudad refugio. a 40 años del exilio argentino”, con curaduría de la talentosísisma fotógrafa valentina siniego y que habla de cómo la ciudad de méxico se abrió (¡hace 40 años!) en 1976 para recibir a muchísimos argentinos que llegaron huyendo y que encontraron aquí tierra segura y algo que los hizo echar raíces de una u otra forma, aunque regresaron al sur en los 80s, una parte de ellos siempre se quedó aquí. 


a la entrada de la exposición (y aquí arriba) hay una fotografía tomada el 28 de agosto de 1976 (el 24 habían desaparecido a marcelo gelman y a su esposa claudia quien estaba embarazada), donde cristina malanca junto con su hijo nicolás cabral en una carriola caminan hacia el avión que los llevará a méxico. en la instalación de la entrada a cristina se salen dos corazones, uno rojo en la dirección en la que camina, uno azul en la dirección en que mira. esa fotografía muestra perfectamente el exilio argenmex. lo que se queda en casa, lo que se gana al irse. en la exposición está la fotografía original, pequeñita, dramática, con los datos de la historia personal y de la fotografía en sí.

la exposición muestra con imágenes y textos una historia inmensamente triste pero que también es una historia feliz: al huir y dejar todo excepto el idioma y alguna maleta, esta ciudad les permitió reconstruirse y continuar. aquí se construyó el corazón argenmex.  con imágenes y textos uno puede entender el momento histórico, la tragedia de los desaparecidos (si, más de 30,000 y más de 500 niños), la violencia de la dictadura, lo que significa la lucha de las madres de la plaza de mayo y de las abuelas y los símbolos, el rol de las organizaciones argentinas en el exilio, los procesos de huida y reconstrucción, el increíble poder de las cartas enviadas por correo, el horror de las denuncias ante la desaparición y asesinato de jóvenes, el secuestro de los bebés, el shock y la maravilla de llegar a una ciudad de méxico como la de 1976-1977, la lucha por la verdad, la memoria y la justicia, porque es importante decir cada 24 de marzo “nunca más”, lo que significan los gestos solidarios desde los otros, la construcción colectiva de la memoria a partir de las memorias e historias individuales.



nicolás cabral lo describe infinitamente mejor en uno de los textos de la exposición, que transcribo íntegro (las negritas del final son mías):

“La llegada

La patria es la infancia, dicen unos (tal vez citando a Rilke). La patria es la lengua, dicen otros (suelen ser escritores). ¿Cuál es la patria de aquellos a los que se les niega el país de origen? ¿Y la de las familias que abandonan proyectos de vida para atender imperativos de supervivencia? Pisar el suelo mexicano fue, para miles de argentinos, un hecho alegre. En el aire había un nuevo olor, mezcla de maíz y alivio: el exilio es preferible a la cárcel o la muerte.
Después claro, la vida siguió su curso: allá, nada detenía el proyecto depredador; aquí, las diferencias ideológicas se mantenía. Por lo demás, había que encontrar modos de subsistir, a veces reinventándose (la política no es cosa de expatriados). Al margen del repertorio de chistes, los recién llegados experimentaron generosidad. Todos pensaban en volver, pero muchos nunca lo hicieron: se los reconoce por ese acento inconfundiblemente argentino (aquí) y extrañamente mexicano (allá).
Algunos, los que llegaron en brazos o demasiado jóvenes, son prácticamente indistinguibles de los locales, aunque les quede algún rasgo de origen. La identidad, uno de los temas más visitados por el pensamiento latinoamericano, adquiere nuevas complejidades. El que reconstruye su vida en otro país tiene un rostro bifronte e inestable: el lugar que se deja no vuelve a ser el mismo; el lugar al que se llega nunca termina de ser propio. No es una tragedia: tragedia es no haber vivido para contarlo.

esta es una historia que hay que contar. que nunca se olvide.



(la exposición “méxico: ciudad refugio. a 40 años del exilio argentino”está en el museo archivo de la fotografía, Guatemala 34, centro histórico, atrás de catedral, en la ciudad de méxico hasta el 20 de junio de 2016. la entrada es gratis y está en pleno centro de la ciudad, así que vale la pena ir, aprender, ver, y luego uno puede ir a pasear muy felizmente)