lunes, 30 de mayo de 2016

el tiempo y su materia (4)

[este tiempo ¿es tangible? ¿qué quedará de estos días? ¿construimos el tiempo con lodo, con aire, con miedo, con historias que nos contamos cuando anochece?] pienso en los versos que escribió sergio loo (ciudad de méxico, 1982-2014), sabiendo que el cáncer avanzaba y que, pronto, su tiempo se acabaría. pienso en la finitud. en lo que quedará, si es que quedará algo. pienso en cómo se habrá sentido tras escribir el texto llamado “tarso” y el proceso de escritura (¿lo escribió con tinta y papel? ¿tecleó en una computadora? ¿corrigió? ¿salió a la primera? ¿creció, tachó, cambió cosas del texto?).


¿qué sintió en la garganta o en el lenguaje cuando escribió: “Ésta es mi voz. Éstos son tus oídos que escuchan mi voz.”?

¿supo que eso sobreviviría cuando escribió: “Ésta es la lejanía que siento aunque estés adentro, a un lado. Ésta es la larga lista de lo que digo para que exista.”?

¿le habrá faltado el aire al escribir: “Éste es el verbo nombrar y significa traer o hacer presente.”?



lo vuelvo a leer, mayo se acaba. afuera ya es la noche y llovió un rato. aquí, ahora, todo sigue.


(el texto “tarso” es parte del libro “operación al cuerpo enfermo” de sergio loo, ediciones acapulco, méxico, 2015, un libro verde, último de los libros-tesoro que han caído en mis manos. este libro póstumo de poesía (o prosa poética o narrativa hilada con aire o juego del lenguaje) es una verdadera maravilla: una bocanada de aire fresco, palabras que hablan de lo importante, palabras para subrayar con tinta negra)

lunes, 4 de abril de 2016

40 años del exilio argentino: construir la memoria

“Llamar a las cosas por su nombre es otro exilio.”
Juan Gelman

la Historia (con mayúsculas) se construye de muchas historias, muchas de ellas mudas o poco conocidas o que no aparecen mucho en los libros o que se pierden porque no se enuncian o que se pierden porque nadie las quiere recordar. mi ciudad y mi país están construidos de muchas historias de esas (no somos un país homogéneo, somos un país multicultural y lleno de muchos otros que llegan y se quedan, que vienen de paso y dejan sus palabras y sus costumbres, los republicanos españoles, los libaneses y sefaradíes (que apenas entendí porque llegaron), los europeos de los años 40s, los sudamericanos, la gente de otros estados de la república, en fin, ese es otro tema…); en particular me interesa hablar de una exposición que acaba de abrir y se llama “méxico: ciudad refugio. a 40 años del exilio argentino”, con curaduría de la talentosísisma fotógrafa valentina siniego y que habla de cómo la ciudad de méxico se abrió (¡hace 40 años!) en 1976 para recibir a muchísimos argentinos que llegaron huyendo y que encontraron aquí tierra segura y algo que los hizo echar raíces de una u otra forma, aunque regresaron al sur en los 80s, una parte de ellos siempre se quedó aquí. 


a la entrada de la exposición (y aquí arriba) hay una fotografía tomada el 28 de agosto de 1976 (el 24 habían desaparecido a marcelo gelman y a su esposa claudia quien estaba embarazada), donde cristina malanca junto con su hijo nicolás cabral en una carriola caminan hacia el avión que los llevará a méxico. en la instalación de la entrada a cristina se salen dos corazones, uno rojo en la dirección en la que camina, uno azul en la dirección en que mira. esa fotografía muestra perfectamente el exilio argenmex. lo que se queda en casa, lo que se gana al irse. en la exposición está la fotografía original, pequeñita, dramática, con los datos de la historia personal y de la fotografía en sí.

la exposición muestra con imágenes y textos una historia inmensamente triste pero que también es una historia feliz: al huir y dejar todo excepto el idioma y alguna maleta, esta ciudad les permitió reconstruirse y continuar. aquí se construyó el corazón argenmex.  con imágenes y textos uno puede entender el momento histórico, la tragedia de los desaparecidos (si, más de 30,000 y más de 500 niños), la violencia de la dictadura, lo que significa la lucha de las madres de la plaza de mayo y de las abuelas y los símbolos, el rol de las organizaciones argentinas en el exilio, los procesos de huida y reconstrucción, el increíble poder de las cartas enviadas por correo, el horror de las denuncias ante la desaparición y asesinato de jóvenes, el secuestro de los bebés, el shock y la maravilla de llegar a una ciudad de méxico como la de 1976-1977, la lucha por la verdad, la memoria y la justicia, porque es importante decir cada 24 de marzo “nunca más”, lo que significan los gestos solidarios desde los otros, la construcción colectiva de la memoria a partir de las memorias e historias individuales.



nicolás cabral lo describe infinitamente mejor en uno de los textos de la exposición, que transcribo íntegro (las negritas del final son mías):

“La llegada

La patria es la infancia, dicen unos (tal vez citando a Rilke). La patria es la lengua, dicen otros (suelen ser escritores). ¿Cuál es la patria de aquellos a los que se les niega el país de origen? ¿Y la de las familias que abandonan proyectos de vida para atender imperativos de supervivencia? Pisar el suelo mexicano fue, para miles de argentinos, un hecho alegre. En el aire había un nuevo olor, mezcla de maíz y alivio: el exilio es preferible a la cárcel o la muerte.
Después claro, la vida siguió su curso: allá, nada detenía el proyecto depredador; aquí, las diferencias ideológicas se mantenía. Por lo demás, había que encontrar modos de subsistir, a veces reinventándose (la política no es cosa de expatriados). Al margen del repertorio de chistes, los recién llegados experimentaron generosidad. Todos pensaban en volver, pero muchos nunca lo hicieron: se los reconoce por ese acento inconfundiblemente argentino (aquí) y extrañamente mexicano (allá).
Algunos, los que llegaron en brazos o demasiado jóvenes, son prácticamente indistinguibles de los locales, aunque les quede algún rasgo de origen. La identidad, uno de los temas más visitados por el pensamiento latinoamericano, adquiere nuevas complejidades. El que reconstruye su vida en otro país tiene un rostro bifronte e inestable: el lugar que se deja no vuelve a ser el mismo; el lugar al que se llega nunca termina de ser propio. No es una tragedia: tragedia es no haber vivido para contarlo.

esta es una historia que hay que contar. que nunca se olvide.



(la exposición “méxico: ciudad refugio. a 40 años del exilio argentino”está en el museo archivo de la fotografía, Guatemala 34, centro histórico, atrás de catedral, en la ciudad de méxico hasta el 20 de junio de 2016. la entrada es gratis y está en pleno centro de la ciudad, así que vale la pena ir, aprender, ver, y luego uno puede ir a pasear muy felizmente)


jueves, 31 de marzo de 2016

Señora Zaha Hadid

“They thought I was a troublemaker”
Zaha Hadid


[este tiempo ¿es tangible? ¿qué quedó en verdad de esos días?]

antes de entrar a la facultad de arquitectura ya sabía que existía una arquitecta iraquí-inglesa que se llamaba zaha hadid, ya era una personalidad en el mundillo de los arquitectos porque lo que proponía como proyectos no se podían construir pero ella insistía en pelear contra la línea recta, contra la estructura rígida, contra los materiales existentes y la tecnología de principios de los 90s y, de alguna manera peleaba también ferozmente contra el funcionalismo y toda la escuela de la bauhaus, de don mies el alemán y de don le corbusier el francés, curiosamente, aprendiz de don oscar el brasileño, apasionados por la línea no-recta y por el uso casi mágico del concreto.


ya estando en la escuela, en esos años de formación como el-arquitecto-que-no-fui, en un congreso en monterrey del que te tengo recuerdos extraños ahogados en vino barato padre kino, zaha hadid habló de sus proyectos, de que lo verdaderamente importante al diseñar un proyecto era generar emociones en los espacios diseñados y habló de algo que causó algunos meses de problemas para nuestros maestros, algo así como (palabras más, palabras menos, 21 años de por medio en la memoria): “el arquitecto tiene que diseñar según sus propias obsesiones estéticas pensando en que algún día puede existir la tecnología para construirlo, aunque hoy no sea posible”. única mujer en tener un premio pritzker de arquitectura (2004; en 2010 se le dio el premio al despacho japonés SANAA  liderado por la arquitecta kazuyo sejima y el arquitecto ryue nizhizawa).


en fin, hoy, último día de marzo de 2016, su corazón explotó. la señora hadid puede estar contenta que hoy se habla de su muerte y de su obra, según yo, ni la muerte de oscar niemeyer, generó tantos comentarios. que alegría que la obra (poco construido, mucho pensado) de una arquitecta genere discusión, artículos, fotografías, reavive la memoria. adiós señora y gracias.

ella dijo:  
“I don't think that architecture is only about shelter, is only about a very simple enclosure. It should be able to excite you, to calm you, to make you think.”

Y también:

“I miss aspects of being in the Arab world - the language - and there is a tranquility in these cities with great rivers. Whether it's Cairo or Baghdad, you sit there and you think, 'This river has flown here for thousands of years.' There are magical moments in these places.”


miércoles, 30 de marzo de 2016

el tiempo y su materia (3)

[este tiempo ¿es tangible? ¿qué quedará de estos días?] desde que estuvo disponible, tuve en mis oídos el último disco de björk, “vulnicura” (2015). estas cosas de la modernidad hicieron que tuviera el disco pero sin tenerlo. desde el 20 de enero de 2015 lo escuché y “black lake” y sus poquito más de 10 minutos fueron parte del soundtrack de la vida: (lo escribí en su momento) canción ancla. hoy lo compré físicamente y con ello completé mi colección con los ocho discos de björk, a quien he venido escuchando desde ¿1993? ¿1994? y quien me maravilla y me hace enojar cuando no me gusta lo que hace y me fascina e hipnotiza cuando hace maravillas como el último disco. cosas tan simples como comprar un disco y darse cuenta que lo has escuchado durante catorce meses (y luego el atardecer y el tema de la miel y sin saber a dónde se va el rumbo no parece tan perdido de pronto).


“black lake” termina así:

i am a glowing shiny rocket
returning home
as i enter the atmosphere
i burn off layer by layer
jettison

(la amo, obsesivamente. otra vez. otra vez. aquieta monstruos):

martes, 29 de marzo de 2016

el tiempo y su materia (2)

té negro con miel, de nuevo. atardece. hoy no sucedió mayor cosa, hizo calor en la ciudad y hubo viento ¿por qué sigo pensando en el asunto del tiempo? ¿será que no he podido avanzar en las lecturas como hubiera querido? ¿qué llevo un par de semanas queriendo escuchar la novena sinfonía de gustav mahler y no he tenido el espacio para sentarme una hora y veintidós minutos a escuchar esos silencios, a estar ausente pero presente escuchado? la pregunta se repite: este tiempo ¿es tangible? ¿qué quedará de estos días? cada día comienza y termina y el sol lleva a cabo su increíble espectáculo (o no, es invisible y ausente y todo es gris), ¿qué sucede si sacudo mis categorías metafísicas? ¿alguien se entera? ¿si hablo, aunque la habitación esté vacía, alguien escucha? ¿qué, pero qué, quedará de estos días? suena paul banks, una sonrisa: