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viernes, 3 de mayo de 2013

alicia en las ciudades, ítaca vista por wenders


“Hay sólo un puñado de historias posibles. Todas
las películas no son más que variaciones de un
número limitado de historias.
Sam Fuller

***
(me pregunto, en voz baja: ¿quién soy sin mis obsesiones?)


vuelvo a ver “alicia en las ciudades” de wim wenders (“alice in den städten”, 1974), el cuarto largometraje que filmó. wenders ya era uno de los rostros famosos del nuevo cine alemán junto con werner herzog, reiner werner fassbinder, margarethe von trotta y völker schlöndorf y justamente con esta película logra un lenguaje propio, visual y narrativo, sólido. a través de la cámara, el paisaje, los rostros, las imágenes postulan la visión estética de wenders ante lo que es hacer cine.


es la historia de un escritor de 31 años (¿alter ego de wenders?) llamado philip winter, interpretado por el fantástico rüdiger vogler, quien no puede escribir porque se perdió en sí mismo y no encuentra la salida de ahí, quien viaja por estados unidos con la misión de escribir sobre el paisaje norteamericano pero lo único que puede hacer es tomar fotografías polaroid durante semanas. vuelve sobre sus pasos porque se le acaba el dinero y porque quiere volver a casa, así que llega a nueva york desde donde volverá a alemania. no puede volver directamente a alemania por una huelga de controladores aéreos, así que tiene que volar hacia amsterdam. en el aeropuerto encuentra a una mujer alemana que no habla inglés y a su hija de 9 años, alicia (yella rottländer, ¡increíble!), y les ayuda a comprar sus boletos. la mujer desaparece y le dice que se encontrarán en amsterdam un par de días después. la mujer no llega. pero él necesita moverse, volver a casa, encontrarse. alicia y philip inician un viaje por las ciudades de la república federal alemana y se van conociendo, se acercan, se alejan, se encuentran a sí mismos y se descubren compañeros en sus enormes soledades. avanzan, buscan, se tienen a ellos mismos. son derrotados en su búsqueda una y otra vez, pero avanzan y conforme avanzan se encuentran.

  
es una road movie, lo cual también será un sello característico durante tres décadas en el cine de wenders y su tema es la búsqueda: un viaje que permite a los personajes encontrar lo perdido o lo buscado, donde lo importante no es llegar, sino el viaje en sí. wenders dialoga con kavafis y su maravillosa “ítaca”.



y habla de las obsesiones estéticas: del hecho de tomar fotografías, de registrar ese momento, de mirar a través de la cámara y que las imágenes y los paisajes pueden contar historias sin necesidad de palabras. philip y alicia son los personajes, pero también cada paisaje, cada lugar, cada ciudad.


(nota 1: la fotografía es en blanco y negro, y es un trabajo maravilloso de robby müller, quien filmará con wenders muchas películas más.)

(nota 2: en 1994, wenders filmaría “historia de lisboa”, de nuevo trabajaría con rüdiger vogler (quien será su actor fetiche a lo largo de los años) en el papel de philip winter, el senhor inverno; de nuevo, vogler estaría buscando respuestas, ahora como un coleccionista de sonidos, descubriendo lisboa)

domingo, 28 de abril de 2013

una vez… contar historias mirando.




“Every photograph is a memento mori.”
Wim Wenders

***
hace muchos años, no sé cuándo, y en realidad tampoco tengo claro dónde, compré un libro de wim wenders que se llama “once” (lo compré y tardé un tiempo en leerlo y me tardé en entender que el título se refería a la palabra para comenzar a contar un cuento, una anécdota, algo que sucedió hace tiempo y no la palabra para definir la cantidad de cosas entre diez y doce, pero eso es otra historia). ahora que mis ojos están despertando de un largo letargo y que están volviendo a mirar a través de una cámara pensé que era un buen momento para volverlo a leer.

y lo fue.



en el libro, wim wenders habla del acto de fotografiar que va más allá de congelar un fragmento de tiempo, sino que es (además de un enorme privilegio) el acto de permitir al ojo que mira y dispara la fotografía que cuente una historia. cada foto como un cuento. en cada imagen hay una historia, una manera irrepetible de ver, sentir y entender el mundo, una mirada personal y única: incluso wenders habla que en los sitios turísticos que se da el fenómeno de millones de fotografías “iguales” del “mismo objeto cada una de esas millones de fotografías es única porque para el ojo que la tomó y para los ojos que verán la foto, ésta tiene una historia personal detrás (y pienso, ¿en cuántas fotografías estamos? ¿en cuántas fotos de un turista checo, japonés turco, brasileño, alemán… que pasea por esta ciudad u otras donde paseamos y vamos pasando nos atrapan en sus imágenes y ahí estamos, repitiéndonos y multiplicándonos anónimamente? feliz insomnio mau.). en fin, en el libro wenders habla de sus historias que no filmó, las historias personales, su intimidad, anécdotas de autos descompuestos en carreteas, encuentros con cineastas en aeropuertos, paisajes desolados, obsesiones geográficas y literarias, sus viajes por Australia o por el enorme horizonte de estados unidos, su admiración por ozu o kurozawa, una imagen de Harry dean stanton, su amistad con Nicholas ray, la memoria, los objetos olvidados, el tiempo que pasa y no se detiene.



(a manera de homenaje al libro) una vez… entre 1988 y 1993 tomé talleres de fotografía, lo disfruté y fui muy feliz: mis ojos veían y fotografiaban. entre 1993 y 1994 tuve mi aprendizaje fotográfico más importante y fue ver cine. el cine de reiner werner fassbinder, las películas de kurosawa, las imágenes nostálgicas de andrei tarkovski, pero mi mayor influencia fue el cine de wim wenders. los paisajes de wim wenders. la manera de encuadrar el horizonte de wim wenders, la manera de contar una historia en la película donde los silencios hacían su parte narrativa y entonces a las imágenes les correspondía hablar y contar la historia. años después descubriría a nan goldin y su infinita tristeza, mi otra gran influencia fotográfica. el hecho es que sin wim wenders y su cine, mi amor por mirar a través de la cámara no sería el mismo.