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sábado, 4 de febrero de 2017

de la nostalgia y la memoria


[la pregunta está ahí, va y viene, en realidad nunca se va, se distrae quizás: ¿qué quedará de estos días? ¿qué quedará de la memoria? ¿cómo podemos contar la historia de estos días?] en la cineteca (mi-ci-ne-te-ca)en la ciudad de méxico están proyectando en estos días de febrero de 2017 el documental “nostalgia de la luz” (2010) del cineasta chileno patricio guzmán. es una película que habla de telescopios y de porqué los astrónomos eligieron el desierto de atacama, en chile, para mirar el cielo. es un documental que habla, desde una postura filosófica, sobre la materia que estudian los astrónomos: la memoria. la luz de los astros es memoria y es pasado. se plantea la película, en voz de uno de los astrónomos:

“el presente no existe.”

y desde esa postura el documental aborda la memoria reciente de chile (y aquí podríamos hablar de tantos otros lugares): los desaparecidos durante la dictadura, el golpe militar, los campos de concentración, lo que no se dice de esos días, cómo el estado olvida y cómo los civiles no, cómo quedan secuelas emocionales, las pérdidas de familiares y los reencuentros con cadáveres o fragmentos de huesos, las mujeres que buscan a sus desaparecidos: memoria de los días recientes que sucede en el desierto de atacama, memoria de los tiempos del big bang y sucede en el desierto de atacama: un lugar tan seco donde los cuerpos permanecen, donde el cielo es claro, donde no hay pájaros, donde el desierto revela un secreto. también se habla de lo selectiva que es la memoria: ¿por qué investigamos sobre el big bang y por qué olvidamos al siglo xix?


mi amiga laura o. y yo hablamos mucho de la memoria. esta semana apenas le decía que pensar en el tiempo no me agobia aunque me deja pensando en lo finito y lo infinito, en que el tiempo pareciera  una materia viscosa donde un recuerdo de hace quince años es casi tangible y algo de hace un par de semanas es casi imposible de recordar y de cómo el tiempo es una cosa que uno va decidiendo (¿conscientemente?) qué recuerda y cómo, que con el paso del tiempo quizá ya no recordamos lo que recordábamos sino que nos vamos inventando nuestra versión personal de los hechos. el tiempo, con sus unidades medibles y estrictas. su tic-tac. su bomba de relojería. capas de polvo que se acumulan en los objetos, capas geológicas que forman montañas, desiertos, valles. el tiempo que sigue avanzando y yo que sigo sin escribir sobre leonard cohen y su ausencia.

martes, 11 de septiembre de 2012

memoria: nunca olvidar

los eternos juegos de las fechas y las memorias. hoy, por ejemplo, el día avanza y se acaba y he pensado en chile, en salvador allende, en el golpe de estado de 1973, en santiago de chile bombardeado por el propio ejército chileno, en los desaparecidos, en el estadio nacional que fue testigo de la muerte de miles, pienso en víctor jara. hoy en particular he pensado/leído a nicanor parra, enrique lihn, pablo neruda, roberto bolaño, también a vicente huidobro y su temblor de cielo.


hoy el día se me ha pasado y sigo pensando en chile y de pronto pienso en el último discurso de salvador allende y en lo que habríamos de mantener en la memoria. recuerdo felizmente estar en santiago de chile, las primeras horas en el invierno, julio de 2006 y una placa cerca de la moneda sus palabras “tengo fe en chile y su destino”.



recuperemos ese último discurso, lo leyó salvador allende, presidente de chile, era el 11 de septiembre y era 1973:

"Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición".


***

ejercicio de la memoria: nunca olvidar. nunca.