jueves, 14 de abril de 2011

noveno año


y el tiempo pasa así, veloz y lento. todo sucede y nada sucede. sucede que todo nos va ocurriendo y el tiempo avanza: hemos reído, llorado, discutido, bebido, hablado, cantado, caminado, mirado, callado, aprendido, negociado, cedido, crecido, avanzado.

hemos dicho y hecho lo indecible y lo imposible. hemos hecho nueve años de camino y hemos construido un futuro lleno de misterios y aventuras y nuevas cosas por venir.

nueve años desde ese primer beso, la primera mirada.

nueve años (y lo que nos falta).

gracias, christian

sábado, 2 de abril de 2011

qué bonita palabra es finsternis





para inge lore, con mucho cariño.

“mirar al otro. tratar de entender. no hablo su idioma, no pertenezco ni a su geografía ni a su cultura ni a su clima ni a su historia reciente o pasada. pero es un ser humano, tiene ojos: me mira con extrañeza. yo soy otro. soy distinto. le soy distinto y le soy otro también. no soy ni el desierto, ni la montaña, ni la nieve. soy otro. y aun así, nos podemos entender, comprender, aprender uno del otro. y sonreímos, porque nos reconocemos un poco en la mirada ajena.” – pareciera que esto es lo que a través de los documentales de werner herzog se va despertando en mi cabeza de espectador.

ha sido un reencuentro feliz con este cineasta alemán al cual le debo varios de mis grandes placeres cinematográficos: “fitzcarraldo”, “también los enanos comenzaron desde pequeños”, “nosferatu”, “el gran éxtasis del escultor steiner”, “fata morgana”, “signos de vida”…

estos últimos tres días, uno tras otro, he visto “hércules”, “fata morgana”, “la soufrière”, “lecciones de obscuridad”, “wodaabe – pastores del sol”, “campanas de las profundidades” y “la rueda del tiempo”. en todos estos documentales: imágenes poderosas, silencios precisos, miradas profundas o miradas sin fondo, culturas ancestrales y aisladas y alejadas y llenas de un misterio extraño, tan personal y a la vez ajeno.

viendo “lecciones de obscuridad”, una mirada a lo que sucedió en kuwait después de la guerra del golfo de 1991, la devastación que quedó, la pérdida de personas y la pérdida del habla, la pérdida de la inocencia, los campos petroleros en llamas, la desesperación por la catástrofe ecológica, el petróleo quemando el aire, llenando el espacio, matando bosques y abriéndose paso como todo-aquello-que-del-ser-humano-es-horrible. hacía un tiempo que las imágenes en la pantalla no me conmovían tanto. recordé aquel ciclo, también de herzog, cuando era 1996 y estaba tomando decisiones importantes en mi vida y tras ver “fitzcarrlado” decidí cambiar el rumbo e intentar cruzar mi montaña con mi propio barco, que el camino no fue fácil, no. pero valió la pena, eso que ni qué. quince años después volvería la voz calmada, pausada y profunda de herzog a inquietar mi cabeza y mi corazón. quince años después otra vez el cine de herzog despierta en mi de nuevo los ojos inquietos, las ganas de hacer algo. hacer algo. en un momento, en “campanas en las profundidades”, uno de los entrevistados toca las campanas de una iglesia: la belleza es tal que el silencio pareciera un insulto; uno de los rostros y de las voces más honestas y nostálgicas que han sido filmadas en cine jamás. en “la soufrière” mientras recorren la ciudad abandonada a la espera de que estalle el volcán graban el silencio que los rodea, un silencio tan grande y perfecto que erizó mi piel (y mis ojos).

dice herzog: “no sólo son mis sueños. yo creo que todos estos sueños son también de ustedes. la única diferencia entre ustedes y yo es que yo puedo articularlos. y eso es de lo que se trata la poesía, o la pintura, o la literatura o la cinematografía. yo hago cine porque no he aprendido a hacer otra cosa. hasta cierto grado, es todo lo que sé hacer. y es mi obligación, porque ésta es quizás la crónica interna de quiénes somos, y somos nosotros quienes debemos articularla. si no, seríamos como vacas en el campo.”

jueves, 24 de junio de 2010

Despidiéndome de Saramago


“Con la muerte no se discute, se acepta”

“Hacia la hora del mediodía, con la marea, La
Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la
búsqueda de sí misma”

José Saramago



(viernes 18 de junio del 2010 por la mañana, hace frío. llovió toda la noche, se me empieza a hacer tarde para salir al mundo real, tengo una reunión en 40 minutos y todavía no me he bañado pero estoy reviso y respondo correspondencia electrónica en casa. de pronto, de reojo y con la regadera ya abierta leo una pequeñísima entrada en un portal de noticias: Murió Saramago. el aliento se me va por un segundo, me siento y no me lo creo. se murió saramago. la gran tortuga se fue. en ese momento abro mi cuenta de facebook y escribo sin creerlo aún “buen viaje Saramago! :( ”. bajo la regadera pienso en lo que significa su muerte, pero sobre todo lo que significó en mi vida. el día sigue, el fin de semana sigue, se suceden las notas y comentarios, los amigos en facebook comentan y el luto es general, compro “la jornada” con su foto y le dedicó el fin de semana a pensar en lo que (me) dejó)

Murió José Saramago, gran persona, cara de tortuga, viejito portugués de 87 años. Murió en la isla que amaba y que adoptó como su otra casa, Lanzarote, murió cerca de su mujer y traductora al español, Pilar del Río, murió tranquilo dicen, de pronto estaba, de pronto ya no.

Lo primero que leí de Saramago fue El evangelio según Jesucristo. Era abril y era 1997. Estaba en Londres, lejos de casa y llevaba una maleta llena de libros. Éste en particular me lo regaló mi amiga Cecilia Pedernera unos días antes de dejar México. No era el mejor tiempo de mi vida, el corazón, la brújula y el dinero estaban en caos absoluto y no sabía qué hacer. Así que como buen método de autodefensa evasiva me puse a leer obsesivamente y para mi sorpresa fue un libro que se prestó a ser leído obsesivamente. Lo disfruté horrores: libro crítico, inteligente, genial, fondo y forma perfectos y mi enamoramiento de las letras de Saramago fue absoluto.

Al regresar a México, entre agosto y diciembre de ese año, obsesivo y necio como soy, conseguí y leí Historia del cerco de Lisboa, Manual de caligrafía y pintura, Casi un objeto y El año de la muerte de Ricardo Reis, libro que considero el que más cariño le tengo de los escritos por Saramago (y que tengo firmado con su puño y letra y la fecha 28 de febrero del 2001, cuando le di la mano y lo miré a los ojos y le dije “Gracias”). Luego leí, en tres días Ensayo sobre la ceguera, uno de los mejores libros que jamás he leído y también uno de los más aterradores (mismo que presté y ya no sé donde quedó, ja ja, tendré que volverlo a comprar). Después vino esa mañana de de octubre de 1998 cuando mi mamá tocó la puerta de mi habitación y me dijo “Mau, le dieron el Nobel a Saramago”. Enorme felicidad. Llamadas telefónicas entre los amigos, compartir libros, leer sobre el Nobel portugués, escuchar a Madredeus.

Después pasarían los años y leí Levantado del suelo (que no me hizo feliz), Todos los nombres (¡que también presté y no sé a quién!), La caverna (que, como es una trilogía, también presté y tampoco sé a quién, el colmo, pero que me afectó de manera importante por el dilema de vivir siendo alguien y actuar como otros quieren que uno actúe), La balsa de piedra, novela que me emocionó y me hacía aplaudir de felicidad, El hombre duplicado y Memorial del Convento. También leí El cuento de la isla desconocida, cuento largo o novela corta que me hace muy feliz.

Tengo en mi biblioteca personal las últimas tres novelas que escribió (El viaje del elefante, Caín y Ensayo sobre la lucidez) pero no los he leído. Supongo que esté será el año para hacerlo.

En fin, lo que quiero dejar escrito aquí y ahora, es que José Saramago es un escritor que para mí ha tenido una gran presencia y una gran influencia. Ha estado ahí desde hace 13 años. Su forma de escribir me ha maravillado una y otra vez. Es uno de los escritores y de los seres humanos fundamentales para mi, para mi manera propia de escribir, de percibir el mundo y un ejemplo a seguir: empezó a dedicarse a la escritura a los 55 años y a partir de ahí, durante 32 años disfrutó escribir y dijo lo que era necesario, contó las historias que necesitaba contar. Coherente ideológicamente hablando, interesado por la humanidad y lo humano, defensor de un espectro político-ideológico con el cual me identifico a pesar de lo utópico que es. Fue un hombre que disfrutó la palabra escrita y la palabra hablada: su lectura favorita eran los diccionarios. Amaba su idioma, su isla, su Lisboa, su Portugal, el Portugal de Fernando Pessoa y a su mujer. Su obra es ese espejo.

Sin duda, seguirá doliendo un rato más esta ausencia. Pero lo que (me) dejó es enorme y no tengo manera de agradecerle, sino escribiendo esto, recordando que le dije “Gracias” e invitándolo a cenar a casa cada día de muertos.

Adiós Saramago, siempre harás falta.

viernes, 28 de mayo de 2010

múm, cenizas en el aire


(tocaron, eran siete, eran mil, unas luces y humo, las voces llenaron el espacio y comenzaron un viaje que duró unas dos horas, múm cantaba y tocaba, jugaban con sus voces y la música, fue hermoso, fue muy hermoso y afuera llovía. es impresionante como estos siete islandeses que trajeron un poco de cenizas del famoso volcán islandés hacen música jugando, entregándose, sudando y dejando que la belleza vaya saliendo lentamente hasta los oídos y los ojos del espectador. el concierto de múm en mayo del 2010, ciudad de méxico, un momento maravilloso. momentos maravillosos. "blessed brambles", "marmalade fires", "sing along to songs you don't know", "húllabbalabbalúú", "a little bit, sometimes". y el final, "green grass of tunnel" explotando. mi piel se erizó de tanta belleza más de una vez. gracias múm, you are so beautiful to us)

para ana y canek

jueves, 27 de mayo de 2010

Insomnio, 1

No es la primera noche del insomnio, no. éste empezó hace muchos años, demasiado tiempo como para reconocerlo, tendría yo ¿16? ¿17? cuando comenzaron las noches sin poder dormir, las ideas siempre por ahí, saliéndose de mi cabeza para que la noche se llenara de ruidos que no me dejaran dormir. Durante el último año ha sido un poco peor, cada noche un poco peor, cada noche, a veces, demasiado ruido adentro de mi. puertas que se abren, pasos que recorren mi sangre, miradas desde la oscuridad, versos que quiero escribir pero que huyen de la tinta, fantasmas inocentes que juegan con la memoria, fechas que se están inquietas, recuerdos de personas o puertos o habitaciones, obsesiones como tratar de recordar dónde fue que la habitación olía al cigarro de mis abuelos o quién estaba ahí cuando canté por última vez, las fotografías que pierden color, los versos de Gelman o Borges o Pessoa retumbando en mi cabeza. A veces el insomnio es una cadena de sueños. A veces el insomnio puede anunciar algo. Esta noche calurosa de mayo no puedo dormir. La ciudad está en silencio y en casa todos duermen, mi gato y mi pareja. Yo escribo, paseo por mis letras, leo un poco, escucho música de otros tiempos. Necesito descansar, dejar de pensar. A veces me pregunto ¿de qué lado del espejo estoy? ¿en el otro lado duermo plácidamente? ¿en el otro lado no me despierta la inquietud? En fin, este insomnio no es nuevo, es un extraño compañero. Ahí está. Espera que venga la noche para encender su luz, comenzar sus ruidos. Aquí estoy, bebiendo una taza de té, esperando que venga el sueño y nos derrote.