viernes, 28 de mayo de 2010

múm, cenizas en el aire


(tocaron, eran siete, eran mil, unas luces y humo, las voces llenaron el espacio y comenzaron un viaje que duró unas dos horas, múm cantaba y tocaba, jugaban con sus voces y la música, fue hermoso, fue muy hermoso y afuera llovía. es impresionante como estos siete islandeses que trajeron un poco de cenizas del famoso volcán islandés hacen música jugando, entregándose, sudando y dejando que la belleza vaya saliendo lentamente hasta los oídos y los ojos del espectador. el concierto de múm en mayo del 2010, ciudad de méxico, un momento maravilloso. momentos maravillosos. "blessed brambles", "marmalade fires", "sing along to songs you don't know", "húllabbalabbalúú", "a little bit, sometimes". y el final, "green grass of tunnel" explotando. mi piel se erizó de tanta belleza más de una vez. gracias múm, you are so beautiful to us)

para ana y canek

jueves, 27 de mayo de 2010

Insomnio, 1

No es la primera noche del insomnio, no. éste empezó hace muchos años, demasiado tiempo como para reconocerlo, tendría yo ¿16? ¿17? cuando comenzaron las noches sin poder dormir, las ideas siempre por ahí, saliéndose de mi cabeza para que la noche se llenara de ruidos que no me dejaran dormir. Durante el último año ha sido un poco peor, cada noche un poco peor, cada noche, a veces, demasiado ruido adentro de mi. puertas que se abren, pasos que recorren mi sangre, miradas desde la oscuridad, versos que quiero escribir pero que huyen de la tinta, fantasmas inocentes que juegan con la memoria, fechas que se están inquietas, recuerdos de personas o puertos o habitaciones, obsesiones como tratar de recordar dónde fue que la habitación olía al cigarro de mis abuelos o quién estaba ahí cuando canté por última vez, las fotografías que pierden color, los versos de Gelman o Borges o Pessoa retumbando en mi cabeza. A veces el insomnio es una cadena de sueños. A veces el insomnio puede anunciar algo. Esta noche calurosa de mayo no puedo dormir. La ciudad está en silencio y en casa todos duermen, mi gato y mi pareja. Yo escribo, paseo por mis letras, leo un poco, escucho música de otros tiempos. Necesito descansar, dejar de pensar. A veces me pregunto ¿de qué lado del espejo estoy? ¿en el otro lado duermo plácidamente? ¿en el otro lado no me despierta la inquietud? En fin, este insomnio no es nuevo, es un extraño compañero. Ahí está. Espera que venga la noche para encender su luz, comenzar sus ruidos. Aquí estoy, bebiendo una taza de té, esperando que venga el sueño y nos derrote.

jueves, 13 de mayo de 2010

Algunas cosas sobre Fernando Pessoa



“Traigo dentro de mi corazón,
como en un cofre que no se puede cerrar de puro lleno,
todos los sitios en donde estuve,
todos los puertos a donde llegué,
todos los paisajes que vi a través de ventanas o portillas,
o desde toldillas, soñando,
y todo eso, que es tanto, es poco para lo que yo quiero”

Álvaro de Campos




Descubrí a Fernando Pessoa gracias al poema de Juan Gelman yo también escribo cuentos, poema que descubrí en el audio cassette que me regaló mi amiga Mariana Sánchez en 1995. Tras investigar un poco quién podría ser el poeta portugués del que hablaba Gelman en sus versos descubrí que efectivamente existía un poeta portugués, quien trabajaba en la administración pública del Portugal, y quien tenía más de un poeta adentro. Fernando Pessoa, nacido en 1888, escribió poesía y prosa, tanto con su propio nombre como con otros heterónimos, cada uno con su propia voz y su propia historia personal. Se conocen varios heterónimos pessoanos siendo los más conocidos: Bernardo Soarez (prosista), Ricardo Reis, Alberto Caeiro y Álvaro de Campos (ingeniero naval y amigo íntimo de Pessoa). A través de estos personajes y de su mismo personaje, un empleado público del Portugal, Pessoa escribió y escribió versos y maravillas. El 8 de marzo de 1914, sentado en su escritorio, bebiendo vino, Pessoa sintió que tenía muchas cosas que decir y que no le bastaba ser él mismo, así que escribió durante toda la noche y nacieron los tres heterónimos poetas, esa noche cobraron forma y vida cada uno de estos personajes, sus biografías, distintas entre sí, reflejadas en la forma de hacer versos, de tomar al mundo, incluso de visiones poéticas y políticas. A partir de ese momento, y hasta su muerte por cirrosis en 1935, Pessoa, monárquico furibundo, anti-demócrata, anglófilo, escribió una obra inmensa y poderosa, que aún hoy no se conoce del todo.

Tengo en mi biblioteca personal varios libros con distintas facetas de Pessoa, pero hay dos tomos en particular, la edición bilingüe de su obra poética (que es una antología de los 3 heterónimos principales y del mismo Pessoa) que me han acompañado desde 1996 en que cayeron en mis manos. Han viajado conmigo, han sido leídos en las buenas y en las malas, tienen notas escritas con mi letra, versos subrayados, notas mentales y una página que llegó ahí por razones todavía no muy claros para mi, en fin, esos dos tomos, han sido grandes compañeros en los últimos catorce años. Además, la edición bilingüe me ha permitido disfrutar los versos en su idioma original, jugar con su sonido y sus acentos.

(En las revisiones mentales de los últimos días descubro un hecho que exploraré después: hay tres poetas importantes para mí, Allen Ginsberg, Juan Gelman y Fernando Pessoa; hay cinco contadores de historias importantes, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, José Saramago, António Lobo Antunes y Haruki Murakami; es decir, de estos ocho personajes que han definido mi persona personal y literaria hay tres portugueses y tres argentinos)

Algunas cosas. Cuando leí Tabaquería por primera vez, 1997, lloré un poco de la emoción y de la fuerza de los versos, recuerdo el sol en mi cara, el parque desde donde lo leí en voz alta, la soledad de entonces. Pessoa es un gran compañero para todo aquel que tenga un lindo romance con la palabra escrita. De hecho, la novela El año de la muerte de Ricardo Reis de José Saramago, libro que tengo autografiado por su autor, es un homenaje a la persona Fernando Pessoa, a Lisboa, al portugués y a la suadade. Pessoa es de los invitados a cenar en casa en el día de muertos y eso me hace feliz.

Esta semana, en una noche de insomnio, hilando acontecimientos (Buñuel, Bella de día, Manoel de Oliveira, cine, un whisky por favor, regalos de aniversario, internet, más Oliveira, Lisboa, Eça de Queiroz, Pessoa, internet otra vez, una amiga que pregunta, insomnio feroz, etc.), volví a los versos de Fernando Pessoa, buscando un verso en particular que me ayudara a definir la obra y la manera de pensar de Pessoa. Tras varias horas lo conseguí: "seré siempre el que esperó a que le abriesen la puerta junto a una pared sin puerta" Este verso habla de Pessoa, de la saudade en su poesía, de la nostalgia y de la lluvia, pero además, desde la primera vez que lo leí sentí que me habla a mí, directamente a mí a través de los siglos y del mar, me habla (además) de mi mismo.

En fin, esto es lo que quería compartir. Vuelvo a escribir en este espacio, después de un largo silencio.


(esta nota se la dedico con mucho cariño a tres personas: a Laura, porque también le gusta Pessoa; a Shane, que me hizo releerlo estos días; y a Luis Enrique porque su blog me hace feliz)

viernes, 31 de julio de 2009

mes de julio 2009, último día


se acabó. el mes de julio de este año se va. ha sido un gran placer compartir la obsesión con ustedes, los textos, recibir correos y sus notas, los comentarios, la colaboración multimedia. gracias.


para cerrar, un breve texto, de los favoritos de la vida, de las "Historias de Cronopios y de Famas".


con cariño en especial al señor adrián.


***

Historia


Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.


Julio Cortázar

miércoles, 15 de julio de 2009

mes de julio, día 15 (otro poco de "Rayuela")


necio y obsesivo como soy anoche me quedé rondando por "rayuela" y la nota que tengo escrita a lápiz en el inicio del capítulo 93 que dice "viene del 6".


así que la lógica me lleva a compartir el día de hoy el capítulo 6 del libro fetiche.


una hermosa reflexión sobre el azar y los caminos de la vida.

la foto fue tomada este fin de semana bajo la lluvia, bajo la noche, en el calor de chilpancingo.

abrazos

***

de "Rayuela", capítulo 6

La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libros-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a tinta de la imprenta acababa con la alegría del ajo. En esos tiempos leía poco, ocupadísimo en mirar árboles, los piolines que encontraba por el suelo, las amarillas películas de la Cinemateca y las mujeres del barrio latino. Sus vagas tendencias intelectuales se resolvían en meditaciones sin provecho y cuando la Maga le pedía ayuda, una fecha o una explicación, las proporcionaba sin ganas, como algo inútil. "Pero es que vos ya lo sabes", decía la Maga, resentida. Entonces él se tomaba el trabajo de enseñarle la diferencia entre conocer y saber, y le proponía ejercicios de indagación individual que la Maga no cumplía y que la desesperaban.


De acuerdo en que en ese terreno no lo estarían nunca, se citaban por ahí y casi siempre se encontraban. Los encuentros eran a veces tan increíbles que Oliveira se planteaba una vez más el problema de las probabilidades y le daba vueltas por todos lados, desconfiadamente. No podía ser que la Maga decidiera doblar en esa esquina de la rue de Vaugirard exactamente en el momento en que él, cinco cuadras más abajo, renunciaba a subir por la rue de Buci y se orientaba hacia la rue Monsieur le Prince sin razón alguna, dejándose llevar hasta distinguirla de golpe, parada delante de una vidriera, absorta en la contemplación de un mono embalsamado. Sentados en un café reconstruían minuciosamente los itinerarios, los bruscos cambios, procurando explicarlos telepáticamente, fracasando siempre, y sin embargo se habían encontrado en pleno laberinto de calles, casi siempre acababan por encontrarse y se reían como locos, seguros de un poder que los enriquecía. A Oliveira le fascinaban las sinrazones de la Maga, su tranquilo desprecio por los cálculos más elementales. Lo que para él había sido análisis de probabilidades, elección o simplemente confianza en la rabdomancia ambulatoria, se volvía para ella simple fatalidad. "¿Y si no me hubieras encontrado?", le preguntaba. "No sé, ya ves que estás aquí..." Inexplicablemente la respuesta invalidaba la pregunta, mostraba sus adocenados resortes lógicos. Después de eso Oliveira se sentía más capaz de luchar contra sus prejuicios bibliotecarios, y paradójicamente la Maga se rebelaba contra su desprecio hacia los conocimientos escolares. Así andaban, Punch and Judy, atrayéndose y rechazándose como hace falta si no se quiere que el amor termine en cromo o en romanza sin palabras. Pero el amor, esa palabra...

Julio Cortázar