martes, 9 de agosto de 2011

66 años después




el 9 de agosto, hoy, hace 66 años caía la segunda bomba atómica, ahora sobre nagasaki en japón. la primera había caído y fulminado hiroshima el 6 de agosto.

el 6 de agosto y el 9 de agosto deberán ser días para nunca olvidar, asi que escribo esto:

9.

(silencio.
años después.
el cielo abierto, el verano lleno de
luciérnagas, hambre, moscas y tanta
sed. triste nube
furiosa.
todo se acabó.
todo vuelve a comenzar. lo único que queda es la

memoria.

esa no se borra, no habrá
marea o viento o fuego
o mentiras que la toquen)

miércoles, 18 de mayo de 2011

loco y genio, gran genio: 100 años sin mahler




hace 100 años, el 18 de mayo de 1911 murió en viena, cuando ésta era la capital imperial del imperio austro- húngaro, gustav mahler. 51 años antes había nacido en bohemia, país que al igual que el país donde murió desapareció del mapa político. compositor de sinfonías, director de orquesta, director de la ópera real de budapest, músico. loco y genio. adelantado a su tiempo. su trabajo como director de orquesta y de ópera siempre fue excelentemente recibido (¡hugo wolf lo admiraba!), su trabajo como compositor no lo fue tanto. lo abuchearon más de una vez. la crítica era feroz, muy feroz. años después de su muerte fue censurado por el tercer reich, no sólo por judío sino por hacer música inmoral y obscena y moderna. pero pasado el tiempo encontró poco a poco su lugar y hoy es uno de los compositores sinfónicos más respetados e interpretados en el mundo. (y mientras mahler componía sinfonías, en esos mismos años: anton brucker fallecía, freud hablaba del psicoanálisis, klimt participaba en la secesión vienesa, walter gropius tenía amoríos con alma mahler, se construían grandes rascacielos en nueva york y en chicago, arnold schönberg comenzaba a componer…)

pero esa no es la historia que quería contar: cuando yo era niño (papás primos y divorciados y medio hippies, educación montessori), tanto en casa de mi mamá como en casa de mi papá era normal escuchar discos con las sinfonías 1, 4 y 5 de gustav mahler. debo haber escuchado esos discos cientos de veces: primero porque los ponían mamá/papá, después porque había algo que me dejaba inmóvil e inquieto e inmensamente feliz al escuchar esas sinfonías y entonces yo, de 6 o 7 años, ponía los discos por mi propia cuenta, obsesivamente una y otra vez, para escuchar esa música hacerse presente. la maravilla de esa música escrita en 1889 (1era sinfonía), 1900 (4ta sinfonía) y 1902 (5ta sinfonía) llenaba mi cabeza y mi espacio en esos años de 1982-1984… luego vino la decisión de mi mamá de llevarme a la sala nezahualcóyotl en el centro cultural universitario en la ciudad de méxico a escuchar en vivo esas sinfonías. la primera que escuché en vivo fue el “titán”, la primera de las sinfonías. supongo que fue de las experiencias que marcarían mi persona y mi percepción de lo que es o no es valioso para mi percepción estética, de lo que me gustaría o no me gustaría. fui melómano desde entonces, fanático de mahler y de dimitri shostakovitch, sobre todo la 5ta sinfonía. resulta que una amiga/prima de mis padres, cuando ellos tendrían 18 o 20 años les enseñó a mahler en discos de vinil, se juntaban a escuchar discos (trés “rayuela”, je je) y después vino una mítica temporada de las 10 sinfonías en bellas artes dirigidas por eduardo mata y después el amor a la obra de mahler entre ese grupo de amigos ya era imparable, y por ambas vías de mis padres a mí me llegó ese amor a las sinfonías de mahler.

ya adolescente y con mi dinero ahorrado me compré el disco (ya no vinil, sino compacto) de la 2da (“resurrección”) y luego de la 8va sinfonía (conocida como "sinfonía de los mil" por el gran conjunto sinfónico que mahler previó para su interpretación: 850 cantantes y 171 instrumentistas y que se tocará en agosto en méxico una vez más), pasaría horas leyendo y escribiendo y haciendo nada escuchando esas sinfonías y comprando las otras y escuchando a mahler para dormir y antes de tener 20 años tendría conmigo todas las sinfonías, en versiones varias. hace unos años llegaron a mis manos, vía regalo de cumpleaños, las obras completas de mahler dirigidas por guiseppe sinopoli (uno de los directores “mahlerianos” como otto klemperer, eduardo mata, leonard bernstein y herbet von karajan que ayudaron a que la obra de mahler se difundiera, se conociera y se apreciara). hoy en mi ipod cargo las sinfonías de mahler y me hacen muy feliz (además me impresiona que una sinfonía completa quepa en algo tan pequeño como mi ipod). la noche antes de cumplir 34 años escuché la 4ta sinfonía y la maravilla inundó mis ojos y cada hueso por completo.

hace más o menos un año, escuchando la 5ta sinfonía interpretada por la orquesta de minería, en la misma sala neza de mi niñez, caí en cuenta de mi relación personal, amistosa, amorosa y pasional con la música de este germano loco, grandioso y enloquecedor. de ahí todas las manías musicales que tengo ahora: en mi cabeza esa música ha estado siempre y la he disfrutado infinidad de veces, a veces serio, a veces alegre, a veces con lágrimas en los ojos, a veces atontado por la belleza bestial, siempre fascinante, siempre fantástica, siempre innovadora. es curioso, a cada rato, viendo la televisión o alguna película le digo a christian “esa es música de mahler”. la llevo dentro. la puedo escuchar infinitamente y siempre me sorprenderá, una y otra vez: todo en su música está en el lugar correcto.

es de esas cosas que debo agradecerles a mamá y papá. sin duda. (y por eso hoy celebré este centenario de la muerte de mahler escuchando las sinfonías 2da y 5ta muy felizmente)

jueves, 14 de abril de 2011

noveno año


y el tiempo pasa así, veloz y lento. todo sucede y nada sucede. sucede que todo nos va ocurriendo y el tiempo avanza: hemos reído, llorado, discutido, bebido, hablado, cantado, caminado, mirado, callado, aprendido, negociado, cedido, crecido, avanzado.

hemos dicho y hecho lo indecible y lo imposible. hemos hecho nueve años de camino y hemos construido un futuro lleno de misterios y aventuras y nuevas cosas por venir.

nueve años desde ese primer beso, la primera mirada.

nueve años (y lo que nos falta).

gracias, christian

sábado, 2 de abril de 2011

qué bonita palabra es finsternis





para inge lore, con mucho cariño.

“mirar al otro. tratar de entender. no hablo su idioma, no pertenezco ni a su geografía ni a su cultura ni a su clima ni a su historia reciente o pasada. pero es un ser humano, tiene ojos: me mira con extrañeza. yo soy otro. soy distinto. le soy distinto y le soy otro también. no soy ni el desierto, ni la montaña, ni la nieve. soy otro. y aun así, nos podemos entender, comprender, aprender uno del otro. y sonreímos, porque nos reconocemos un poco en la mirada ajena.” – pareciera que esto es lo que a través de los documentales de werner herzog se va despertando en mi cabeza de espectador.

ha sido un reencuentro feliz con este cineasta alemán al cual le debo varios de mis grandes placeres cinematográficos: “fitzcarraldo”, “también los enanos comenzaron desde pequeños”, “nosferatu”, “el gran éxtasis del escultor steiner”, “fata morgana”, “signos de vida”…

estos últimos tres días, uno tras otro, he visto “hércules”, “fata morgana”, “la soufrière”, “lecciones de obscuridad”, “wodaabe – pastores del sol”, “campanas de las profundidades” y “la rueda del tiempo”. en todos estos documentales: imágenes poderosas, silencios precisos, miradas profundas o miradas sin fondo, culturas ancestrales y aisladas y alejadas y llenas de un misterio extraño, tan personal y a la vez ajeno.

viendo “lecciones de obscuridad”, una mirada a lo que sucedió en kuwait después de la guerra del golfo de 1991, la devastación que quedó, la pérdida de personas y la pérdida del habla, la pérdida de la inocencia, los campos petroleros en llamas, la desesperación por la catástrofe ecológica, el petróleo quemando el aire, llenando el espacio, matando bosques y abriéndose paso como todo-aquello-que-del-ser-humano-es-horrible. hacía un tiempo que las imágenes en la pantalla no me conmovían tanto. recordé aquel ciclo, también de herzog, cuando era 1996 y estaba tomando decisiones importantes en mi vida y tras ver “fitzcarrlado” decidí cambiar el rumbo e intentar cruzar mi montaña con mi propio barco, que el camino no fue fácil, no. pero valió la pena, eso que ni qué. quince años después volvería la voz calmada, pausada y profunda de herzog a inquietar mi cabeza y mi corazón. quince años después otra vez el cine de herzog despierta en mi de nuevo los ojos inquietos, las ganas de hacer algo. hacer algo. en un momento, en “campanas en las profundidades”, uno de los entrevistados toca las campanas de una iglesia: la belleza es tal que el silencio pareciera un insulto; uno de los rostros y de las voces más honestas y nostálgicas que han sido filmadas en cine jamás. en “la soufrière” mientras recorren la ciudad abandonada a la espera de que estalle el volcán graban el silencio que los rodea, un silencio tan grande y perfecto que erizó mi piel (y mis ojos).

dice herzog: “no sólo son mis sueños. yo creo que todos estos sueños son también de ustedes. la única diferencia entre ustedes y yo es que yo puedo articularlos. y eso es de lo que se trata la poesía, o la pintura, o la literatura o la cinematografía. yo hago cine porque no he aprendido a hacer otra cosa. hasta cierto grado, es todo lo que sé hacer. y es mi obligación, porque ésta es quizás la crónica interna de quiénes somos, y somos nosotros quienes debemos articularla. si no, seríamos como vacas en el campo.”

jueves, 24 de junio de 2010

Despidiéndome de Saramago


“Con la muerte no se discute, se acepta”

“Hacia la hora del mediodía, con la marea, La
Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la
búsqueda de sí misma”

José Saramago



(viernes 18 de junio del 2010 por la mañana, hace frío. llovió toda la noche, se me empieza a hacer tarde para salir al mundo real, tengo una reunión en 40 minutos y todavía no me he bañado pero estoy reviso y respondo correspondencia electrónica en casa. de pronto, de reojo y con la regadera ya abierta leo una pequeñísima entrada en un portal de noticias: Murió Saramago. el aliento se me va por un segundo, me siento y no me lo creo. se murió saramago. la gran tortuga se fue. en ese momento abro mi cuenta de facebook y escribo sin creerlo aún “buen viaje Saramago! :( ”. bajo la regadera pienso en lo que significa su muerte, pero sobre todo lo que significó en mi vida. el día sigue, el fin de semana sigue, se suceden las notas y comentarios, los amigos en facebook comentan y el luto es general, compro “la jornada” con su foto y le dedicó el fin de semana a pensar en lo que (me) dejó)

Murió José Saramago, gran persona, cara de tortuga, viejito portugués de 87 años. Murió en la isla que amaba y que adoptó como su otra casa, Lanzarote, murió cerca de su mujer y traductora al español, Pilar del Río, murió tranquilo dicen, de pronto estaba, de pronto ya no.

Lo primero que leí de Saramago fue El evangelio según Jesucristo. Era abril y era 1997. Estaba en Londres, lejos de casa y llevaba una maleta llena de libros. Éste en particular me lo regaló mi amiga Cecilia Pedernera unos días antes de dejar México. No era el mejor tiempo de mi vida, el corazón, la brújula y el dinero estaban en caos absoluto y no sabía qué hacer. Así que como buen método de autodefensa evasiva me puse a leer obsesivamente y para mi sorpresa fue un libro que se prestó a ser leído obsesivamente. Lo disfruté horrores: libro crítico, inteligente, genial, fondo y forma perfectos y mi enamoramiento de las letras de Saramago fue absoluto.

Al regresar a México, entre agosto y diciembre de ese año, obsesivo y necio como soy, conseguí y leí Historia del cerco de Lisboa, Manual de caligrafía y pintura, Casi un objeto y El año de la muerte de Ricardo Reis, libro que considero el que más cariño le tengo de los escritos por Saramago (y que tengo firmado con su puño y letra y la fecha 28 de febrero del 2001, cuando le di la mano y lo miré a los ojos y le dije “Gracias”). Luego leí, en tres días Ensayo sobre la ceguera, uno de los mejores libros que jamás he leído y también uno de los más aterradores (mismo que presté y ya no sé donde quedó, ja ja, tendré que volverlo a comprar). Después vino esa mañana de de octubre de 1998 cuando mi mamá tocó la puerta de mi habitación y me dijo “Mau, le dieron el Nobel a Saramago”. Enorme felicidad. Llamadas telefónicas entre los amigos, compartir libros, leer sobre el Nobel portugués, escuchar a Madredeus.

Después pasarían los años y leí Levantado del suelo (que no me hizo feliz), Todos los nombres (¡que también presté y no sé a quién!), La caverna (que, como es una trilogía, también presté y tampoco sé a quién, el colmo, pero que me afectó de manera importante por el dilema de vivir siendo alguien y actuar como otros quieren que uno actúe), La balsa de piedra, novela que me emocionó y me hacía aplaudir de felicidad, El hombre duplicado y Memorial del Convento. También leí El cuento de la isla desconocida, cuento largo o novela corta que me hace muy feliz.

Tengo en mi biblioteca personal las últimas tres novelas que escribió (El viaje del elefante, Caín y Ensayo sobre la lucidez) pero no los he leído. Supongo que esté será el año para hacerlo.

En fin, lo que quiero dejar escrito aquí y ahora, es que José Saramago es un escritor que para mí ha tenido una gran presencia y una gran influencia. Ha estado ahí desde hace 13 años. Su forma de escribir me ha maravillado una y otra vez. Es uno de los escritores y de los seres humanos fundamentales para mi, para mi manera propia de escribir, de percibir el mundo y un ejemplo a seguir: empezó a dedicarse a la escritura a los 55 años y a partir de ahí, durante 32 años disfrutó escribir y dijo lo que era necesario, contó las historias que necesitaba contar. Coherente ideológicamente hablando, interesado por la humanidad y lo humano, defensor de un espectro político-ideológico con el cual me identifico a pesar de lo utópico que es. Fue un hombre que disfrutó la palabra escrita y la palabra hablada: su lectura favorita eran los diccionarios. Amaba su idioma, su isla, su Lisboa, su Portugal, el Portugal de Fernando Pessoa y a su mujer. Su obra es ese espejo.

Sin duda, seguirá doliendo un rato más esta ausencia. Pero lo que (me) dejó es enorme y no tengo manera de agradecerle, sino escribiendo esto, recordando que le dije “Gracias” e invitándolo a cenar a casa cada día de muertos.

Adiós Saramago, siempre harás falta.