jueves, 13 de mayo de 2010

Algunas cosas sobre Fernando Pessoa



“Traigo dentro de mi corazón,
como en un cofre que no se puede cerrar de puro lleno,
todos los sitios en donde estuve,
todos los puertos a donde llegué,
todos los paisajes que vi a través de ventanas o portillas,
o desde toldillas, soñando,
y todo eso, que es tanto, es poco para lo que yo quiero”

Álvaro de Campos




Descubrí a Fernando Pessoa gracias al poema de Juan Gelman yo también escribo cuentos, poema que descubrí en el audio cassette que me regaló mi amiga Mariana Sánchez en 1995. Tras investigar un poco quién podría ser el poeta portugués del que hablaba Gelman en sus versos descubrí que efectivamente existía un poeta portugués, quien trabajaba en la administración pública del Portugal, y quien tenía más de un poeta adentro. Fernando Pessoa, nacido en 1888, escribió poesía y prosa, tanto con su propio nombre como con otros heterónimos, cada uno con su propia voz y su propia historia personal. Se conocen varios heterónimos pessoanos siendo los más conocidos: Bernardo Soarez (prosista), Ricardo Reis, Alberto Caeiro y Álvaro de Campos (ingeniero naval y amigo íntimo de Pessoa). A través de estos personajes y de su mismo personaje, un empleado público del Portugal, Pessoa escribió y escribió versos y maravillas. El 8 de marzo de 1914, sentado en su escritorio, bebiendo vino, Pessoa sintió que tenía muchas cosas que decir y que no le bastaba ser él mismo, así que escribió durante toda la noche y nacieron los tres heterónimos poetas, esa noche cobraron forma y vida cada uno de estos personajes, sus biografías, distintas entre sí, reflejadas en la forma de hacer versos, de tomar al mundo, incluso de visiones poéticas y políticas. A partir de ese momento, y hasta su muerte por cirrosis en 1935, Pessoa, monárquico furibundo, anti-demócrata, anglófilo, escribió una obra inmensa y poderosa, que aún hoy no se conoce del todo.

Tengo en mi biblioteca personal varios libros con distintas facetas de Pessoa, pero hay dos tomos en particular, la edición bilingüe de su obra poética (que es una antología de los 3 heterónimos principales y del mismo Pessoa) que me han acompañado desde 1996 en que cayeron en mis manos. Han viajado conmigo, han sido leídos en las buenas y en las malas, tienen notas escritas con mi letra, versos subrayados, notas mentales y una página que llegó ahí por razones todavía no muy claros para mi, en fin, esos dos tomos, han sido grandes compañeros en los últimos catorce años. Además, la edición bilingüe me ha permitido disfrutar los versos en su idioma original, jugar con su sonido y sus acentos.

(En las revisiones mentales de los últimos días descubro un hecho que exploraré después: hay tres poetas importantes para mí, Allen Ginsberg, Juan Gelman y Fernando Pessoa; hay cinco contadores de historias importantes, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, José Saramago, António Lobo Antunes y Haruki Murakami; es decir, de estos ocho personajes que han definido mi persona personal y literaria hay tres portugueses y tres argentinos)

Algunas cosas. Cuando leí Tabaquería por primera vez, 1997, lloré un poco de la emoción y de la fuerza de los versos, recuerdo el sol en mi cara, el parque desde donde lo leí en voz alta, la soledad de entonces. Pessoa es un gran compañero para todo aquel que tenga un lindo romance con la palabra escrita. De hecho, la novela El año de la muerte de Ricardo Reis de José Saramago, libro que tengo autografiado por su autor, es un homenaje a la persona Fernando Pessoa, a Lisboa, al portugués y a la suadade. Pessoa es de los invitados a cenar en casa en el día de muertos y eso me hace feliz.

Esta semana, en una noche de insomnio, hilando acontecimientos (Buñuel, Bella de día, Manoel de Oliveira, cine, un whisky por favor, regalos de aniversario, internet, más Oliveira, Lisboa, Eça de Queiroz, Pessoa, internet otra vez, una amiga que pregunta, insomnio feroz, etc.), volví a los versos de Fernando Pessoa, buscando un verso en particular que me ayudara a definir la obra y la manera de pensar de Pessoa. Tras varias horas lo conseguí: "seré siempre el que esperó a que le abriesen la puerta junto a una pared sin puerta" Este verso habla de Pessoa, de la saudade en su poesía, de la nostalgia y de la lluvia, pero además, desde la primera vez que lo leí sentí que me habla a mí, directamente a mí a través de los siglos y del mar, me habla (además) de mi mismo.

En fin, esto es lo que quería compartir. Vuelvo a escribir en este espacio, después de un largo silencio.


(esta nota se la dedico con mucho cariño a tres personas: a Laura, porque también le gusta Pessoa; a Shane, que me hizo releerlo estos días; y a Luis Enrique porque su blog me hace feliz)

viernes, 31 de julio de 2009

mes de julio 2009, último día


se acabó. el mes de julio de este año se va. ha sido un gran placer compartir la obsesión con ustedes, los textos, recibir correos y sus notas, los comentarios, la colaboración multimedia. gracias.


para cerrar, un breve texto, de los favoritos de la vida, de las "Historias de Cronopios y de Famas".


con cariño en especial al señor adrián.


***

Historia


Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.


Julio Cortázar

miércoles, 15 de julio de 2009

mes de julio, día 15 (otro poco de "Rayuela")


necio y obsesivo como soy anoche me quedé rondando por "rayuela" y la nota que tengo escrita a lápiz en el inicio del capítulo 93 que dice "viene del 6".


así que la lógica me lleva a compartir el día de hoy el capítulo 6 del libro fetiche.


una hermosa reflexión sobre el azar y los caminos de la vida.

la foto fue tomada este fin de semana bajo la lluvia, bajo la noche, en el calor de chilpancingo.

abrazos

***

de "Rayuela", capítulo 6

La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libros-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a tinta de la imprenta acababa con la alegría del ajo. En esos tiempos leía poco, ocupadísimo en mirar árboles, los piolines que encontraba por el suelo, las amarillas películas de la Cinemateca y las mujeres del barrio latino. Sus vagas tendencias intelectuales se resolvían en meditaciones sin provecho y cuando la Maga le pedía ayuda, una fecha o una explicación, las proporcionaba sin ganas, como algo inútil. "Pero es que vos ya lo sabes", decía la Maga, resentida. Entonces él se tomaba el trabajo de enseñarle la diferencia entre conocer y saber, y le proponía ejercicios de indagación individual que la Maga no cumplía y que la desesperaban.


De acuerdo en que en ese terreno no lo estarían nunca, se citaban por ahí y casi siempre se encontraban. Los encuentros eran a veces tan increíbles que Oliveira se planteaba una vez más el problema de las probabilidades y le daba vueltas por todos lados, desconfiadamente. No podía ser que la Maga decidiera doblar en esa esquina de la rue de Vaugirard exactamente en el momento en que él, cinco cuadras más abajo, renunciaba a subir por la rue de Buci y se orientaba hacia la rue Monsieur le Prince sin razón alguna, dejándose llevar hasta distinguirla de golpe, parada delante de una vidriera, absorta en la contemplación de un mono embalsamado. Sentados en un café reconstruían minuciosamente los itinerarios, los bruscos cambios, procurando explicarlos telepáticamente, fracasando siempre, y sin embargo se habían encontrado en pleno laberinto de calles, casi siempre acababan por encontrarse y se reían como locos, seguros de un poder que los enriquecía. A Oliveira le fascinaban las sinrazones de la Maga, su tranquilo desprecio por los cálculos más elementales. Lo que para él había sido análisis de probabilidades, elección o simplemente confianza en la rabdomancia ambulatoria, se volvía para ella simple fatalidad. "¿Y si no me hubieras encontrado?", le preguntaba. "No sé, ya ves que estás aquí..." Inexplicablemente la respuesta invalidaba la pregunta, mostraba sus adocenados resortes lógicos. Después de eso Oliveira se sentía más capaz de luchar contra sus prejuicios bibliotecarios, y paradójicamente la Maga se rebelaba contra su desprecio hacia los conocimientos escolares. Así andaban, Punch and Judy, atrayéndose y rechazándose como hace falta si no se quiere que el amor termine en cromo o en romanza sin palabras. Pero el amor, esa palabra...

Julio Cortázar

martes, 14 de julio de 2009

mes de julio, día 14 (un poco de "Rayuela")


hoy, noche lluviosa en la ciudad de méxico.


noche de cineteca, noche de estar en calma.


en mi cabeza, de la nada se pasean unas palabras de "Rayuela", el capítulo 93 ronda mi cabeza. abro mi copia del libro y encuentro notas y más notas, tinta de varios colores, lápiz, palabras, fechas, revisión de mi mismo.


así que en este mes de julio, en que hay que leer a Julio, comparto este hermoso capítulo. tema para tratar con mi terapueta: a veces me hablo así a mi mismo ja ja ja ja ja ja


***

de "Rayuela", Capítulo 93


Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. Pero estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan cómo pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa. ¿Se dice abajo o debajo? Lo mismo te muerden. ¿Por qué, por qué, pourquoi, why, warum, perchè este horror a las perras negras? Miralas ahí en ese poema de Nashe, convertidas en abejas. Y ahí, en dos versos de Octavio Paz, muslos del sol, recintos del verano. Pero un mismo cuerpo de mujer es María y la Brinvilliers, los ojos que se nublan mirando un bello ocaso son la misma óptica que se regala con los retorcimientos de un ahorcado. Tengo miedo de ese proxenetismo, de tinta y de voces, mar de lenguas lamiendo el culo del mundo. Miel y leche hay debajo de tu lengua... Sí, pero también está dicho que las moscas muertas hacen heder el perfume del perfumista. En guerra con la palabra, en guerra, todo lo que sea necesario aunque haya que renunciar a la inteligencia, quedarse en el mero pedido de papas fritas y los telegramas Reuter, en las cartas de mi noble hermano y los diálogos del cine. Curioso, muy curioso que Puttenham sintiera las palabras como si fueran objetos, y hasta criaturas con vida propia. También a mí, a veces, me parece estar engendrando ríos de hormigas feroces que se comerán el mundo. Ah, si en el silencio empollara el Roc... Logos, faute éclatante. Concebir una raza que se expresara por el dibujo, la danza, el macramé o una mímica abstracta. ¿Evitarían las connotaciones, raíz del engaño? Honneur des hommes, etc. Sí, pero un honor que se deshonra a cada frase, como un burdel de vírgenes si la cosa fuera posible.

Del amor a la filología, estás lucido, Horacio. La culpa la tiene Morelli que te obsesiona, su insensata tentativa te hace entrever una vuelta al paraíso perdido, pobre preadamita de snack-bar, de edad de oro envuelta en celofán. This is a plastic's age, man, a plastic's age. Olvidate de la perras. Rajá, jauría, tenemos que pensar, lo que se llama pensar, es decir sentir, situarse y confrontarse antes de permitir el paso de la más pequeña oración principal o subordinada. París es un centro, entendés, un mandala que hay que recorrer sin dialéctica, un laberinto donde las fórmulas pragmáticas no sirven más que para perderse. Entonces un cogito que sea como respirar París, entrar en él dejándolo entrar, neuma y no logos. Argentino compadrón, desembarcando con la suficiencia de una cultura de tres por cinco, entendido en todo, al día en todo, con un buen gusto aceptable, la historia de la raza humana bien sabida, los períodos artísticos, el románico y el gótico, las corrientes filosóficas, las tensiones políticas, la Shell Mex, la acción y la reflexión, el compromiso y la libertad, Piero della Francesca y Anton Weber, la tecnología bien catalogada, Lettera 22, Fiat 1600, Juan XXIII. Qué bien, qué bien. Era una pequeña librería de la rue du Cherche-Midi, era un aire suave de pausados giros, era la tarde y la hora, era del año la estación florida, era el Verbo (en el principio), era un hombre que se creía un hombre. Qué burrada infinita, madre mía. Y ella salió de la librería (recién ahora me doy cuenta de que era como una metáfora, ella saliendo nada menos que de una librería) y cambiamos dos palabras y nos fuimos a tomar una copa de pelure d'oignon a un café de Sèvres-Babylone (hablando de metáforas, yo delicada porcelana recién desembarcada, HANDLE WITH CARE, y ella Babilonia, raíz de tiempo, cosa anterior, primeval being, terror y delicia de los comienzos, romanticismo de Atala pero con un tigre auténtico esperando detrás del árbol). Y así Sèvres se fue con Babylone a tomar un vaso de pelure d'oignon, nos mirábamos y yo creo que ya empezábamos a deseamos (pero eso fue más tarde, en la rue Réaumur) y sobrevino un diálogo memorable, absolutamente recubierto de malentendidos, de desajustes que se resolvían en vagos silencios, hasta que las manos empezaron a tallar, era dulce acariciarse las manos mirándose y sonriendo, encendíamos los Gauloises el uno en el pucho del otro, nos frotábamos con los ojos, estábamos tan de acuerdo en todo que era una vergüenza, París danzaba afuera esperándonos, apenas habíamos desembarcado, apenas vivíamos, todo estaba ahí sin nombre y sin historia (sobre todo para Babylone, y el pobre Sèvres hacía un enorme esfuerzo, fascinado por esa manera Babylone de mirar lo gótico sin ponerle etiquetas, de andar por las orillas del río sin ver remontar los drakens normandos). Al despedirnos éramos como dos chicos que se han hecho estrepitosamente amigos en una fiesta de cumpleaños y se siguen mirando mientras los padres los tiran de la mano y los arrastran, y es un dolor dulce y una esperanza, y se sabe que uno se llama Tony y la otra Lulú, y basta para que el corazón sea como una frutilla, y...

Horacio, Horacio.

Merde, alors. ¿Por qué no? Hablo de entonces, de Sèvres-Babylone, no de este balance elegíaco en que ya sabemos que el juego está jugado.


Julio Cortázar

miércoles, 1 de julio de 2009

en julio... ¡hay que leer a julio!‏


el mes de julio comenzó lluvioso y frío en la ciudad de méxico. pero eso no es excusa para que desempolvemos los libritos de don Julio Cortázar, compartamos cuentos, versos, experiencias, voces. ¿volver a rayuela? y desempolvado don Cortázar, compartirlo multimediamente: este blog, el correo, facebook, el programa de radio. en fin.


es julio, mes de julio cortázar. weeeeeeeeeeeeeeeeeee.


va un breve texto del libro "salvo el crepúsculo", uno de mis tesoros, traído desde el sur por mi primo fernando.


***

El interrogador


No pregunto por las glorias ni la nieves,

quiero saber dónde se van juntando la golondrinas muertas,

adónde van las cajas de fósforos usadas.

Por grande que sea el mundo

hay los recortes de uñas, las pelusas,

los sobres fatigados, las pestañas que caen.

¿Adónde van las nieblas, la borra del café,

los almanaques de otro tiempo?


Pregunto por la nada que nos mueve;

en esos cementerios conjeturo

que crece poco a poco el miedo,

y que allí empolla el Roc.


Julio Cortázar